No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 12 años

AROMA A HOGAR

Recién casada, duramos dos o tres días sin cocinar realmente. Comíamos cosas frías o un huevito revuelto, algo sencillo. Apenas habíamos llegado de la luna de miel y despensa no teníamos.
Pero recuerdo bien ese día, cuando por primera vez hacía una sopa de estrellitas. Era el mediodía y después de atender mi casa me dispuse a cocinar. El día era soleado y fresco pues en noviembre todavía no se venían los fríos.
Aquella vieja casa “sin techo” todavía no revivía el olor de un hogar. Recordemos que esa casa era como una pequeña hacienda, muy muy pequeña y tenía que atravesar el patio interior para llegar a la cocina o las recámaras.
Así que ahí y sintiéndome toda una ama de casa, me dispuse a cocinar. Era mi espacio, mis cosas o mis pocas cosas. Había dado ese paso a la independencia de los padres y las decisiones en el hogar a partir de ese momento serían mías.
En eso, la olla empezó a hervir y era el toque que le faltaba a mi casa…el aroma a hogar.
La cocina siempre me ha gustado, mis guisados son sencillos pero muy ricos y siempre les he dicho a mis hijos que para que la comidita esté rica, hay que guisarla con cariñito. Siempre a la inventiva, nada escrito. Dejo que los olores y sabores me marquen la pauta para hacer una buena combinación y crear así un nuevo guiso.
Ese día, el olor a sopa de estrellita se dejó ir por el patio, inundó la cocina, el comedor y esa grata sensación de crear un hogar era maravilloso.
Los años pasaron y de Tampico nos mudamos a Monterrey. Viajamos en dos camionetas grandes hasta el tope de cosas y el camión de mudanzas llegó casi una hora después que nosotros. Dos de mis hermanos nos hecharon la mano y mis hijos eran realmente pequeños. Eso fue un sábado y todo el día fue de mudanza y bajar cosas. El domingo amanecimos como pudimos y por supuesto que en alguna hora del día teníamos que comer. No tenía mandado y busqué entre las cosas que traíamos y sólo me encontré arroz y un paquete de espagueti. Así que eso fue lo que comimos. Nuestra hambre era mucha y nos supo a gloria. Al día siguiente ya era lunes, y mi marido muy sonriente me dice…-Bueno, ya me voy a la oficina. La casa seguía de cabeza, tenía que alimentar a 5 personas, no tenía mandado y no conocía la ciudad. Y me dice mi marido…-No te preocupes, desde donde andes, ubica el Cerro de la Silla y dale pa allá, así no te vas a perder. Ahí fue donde vivimos, a faldas de ese imponente cerro. Y por supuesto que después de ir por el mandado y no perderme, pude cocinarles algo decente. Es como la iniciación de un nuevo hogar…digo yo. Los aromas se impregnan en la casa y se le da ese sello personal. Y ahora, ya disfrutábamos de una pequeña casa “con techo”. Nos cuidó y nos dio cobijo durante 7 años. Mis hijos disfrutaron día a día de todas aquellas ricas comiditas que con tanto gusto les di. Llegaban de la escuela y apenas abriendo la puerta respiraban profundo y casi siempre adivinaban lo que les había hecho.
Siempre tan llena de halagos por darles lo más rico del mundo según ellos.
Ahora, este 14 de febrero dimos ese gran paso, nos mudamos a esa nueva casa “con techo” que tanto habíamos añorado. Nuestra propia casa. Y una de las cosas que tanto quería, es que mi parrilla estuviera frente a un gran ventanal y así poder ver el patio, mientras cocino. Son tantas las horas que uno pasa en la cocina, que lo menos que puede tener uno, es un lugar realmente agradable. Por supuesto que llegamos casi en las mismas condiciones, tal vez con un poco más de comida pero sin gas. Así que no podía cocinar. Pero soy bieeen lista, y me las ingenié con un sartén eléctrico y pude hacerles una sopa de almejitas con calabaza (era todo lo que tenía), acompañada con queso fresco y té helado. ¡Mmmm nos supo delicioso!. Habíamos estado medio comiendo lo que encontrábamos: un brownie, un sándwich paseado de mi hijo que dejó del recreo, dos tamales del OXXO, jugo de mango y unos plátanos que compró mi hijo por una emergencia hambruna de su santa madre y bueeeno, a la mañana siguiente mi marido nos trajo barbacoa. Espero que este desorden alimenticio no dure mucho.
Es realmente lindo el que se identifique uno con su nuevo hogar. ¡Ohh Sii!.
Y si…así fue. El lugar preferido de las familias y amigos es la cocina, no importa de que tamaño esté, todos están ahí amontonados, platicando, riendo y compartiendo de los mejores momentos. Y una de las cosas que afianza a una familia y que nos hace regresar a casa, es su aroma a hogar.

“En memoria de José Guadalupe Chapa García (1939-2014)”.

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