No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 12 años

CHISPAS

Ahora que nos cambiamos de casa, el tiempo para platicar en el carro es mayor, pues vivo allá en casúchi, y como eso queda re lejos pues tenemos oportunidad de tener más pláticas sesudas mis hijos y yo después de la escuela o de algún entrenamiento. En otras ocasiones vamos en absoluto silencio, cada quién sumergidos en sus pensamientos. Pero la mayor de las veces es ir platicando de la inmortalidad del cangrejo, que si los videojuegos, que si el muchacho chicho de la película gacha, cosas de la escuela, los amiguitos, el entrenamiento, lo que hizo Luna (mi perra),…en fin, tengo que poner atención a todo, a lo que me dicen y a la carretera. Pues un día ya iba yo por los Cavazos acá en Monterrey por ir platicando y ¡Arghhhh! ¡Mi salida me la pasé! Como si no supiera dónde vivo pffff!. Cosa que pudiera no ser tan extraño en mi.
El caso es que las pláticas son amenas. Pero bien curioso, mi hijo mayor comenta muchas cosas, pero el menor, pregunta muchas cosas. Y una de sus múltiples preguntas fue:
-¿Cuándo eras chica, ya existían los videojuegos?. Digoooo soy grande pero no tanto. La verdad no fui aficionada de eso, pero lo que viví con mis hermanos me mostró mucho de ese mundo.
Recuerdo que íbamos a las “Chispas” a jugar con las maquinitas, al Pac Man, Mario Bros y todos esos juegos. Mi hermano mayor desquitaba la moneda que le metía a la máquina pues era muy bueno y no perdía casi. Siempre era un ruidazal ahí adentro en las Chispas, todas las máquinas con el volumen al máximo parecía de locos, las luces de neón y el lugar obscuro lo hacían muy a doc. Fue la pasión de todos los de la edad, y esperaban muchos con ansia el volver a regresar a jugar. Hasta moretones en los dedos se les hacía por tanto estarle aplanando a los botones, digo, antes no se les partían los labios por sacar la lengua como si con ella pudieran dirigir al mono de la consola, derecha o izquierda una y otra vez.
Era realmente cómico ver jugar a alguien. Y no se diga el Ping Boll, porque el pobre aparato no sé cómo aguantaba tanto trancazo que le daban ¡zaz, zaz, zaz!. Era enajenante y la bola parecía que se burlaba de nosotros todo el tiempo. A menos de que uno no tuviera dedos tan tontos, claro.
Mi papá, decidió comprar el famoso Atari y todo según él, para que mi hermano mayor no anduviera de vago o que tuviera malas compañías. Así que el vicio entró a la casa. Se supone que mi hermano es corto de visión, así como “Cotonetes y Miramontes”, no ve nada, y yo creo que algunas cosas se las ha de imaginar. Pero desarrolló un sexto sentido o algo así porque no sé cómo podía jugar al Demonio de Tazmania. ¡Nos ganaba a todos! Y eso que no veía. Realmente corría como demonio para agarrar las hamburguesas, cervezas, cerezas, helados y así ir subiendo de nivel.
Teníamos cartuchos, esos de los grandotes para el Atari: el de Asteroid, Centepidelle, uno de un submarino, Mario Bros, Pac Man, El Demonio de Tazmania, otro de unas avestruces y creo que uno de un carro…ese era muy tonto, a cada rato chocaba.
Todos, menos mi mamá le entraban al quite. Después no recuerdo qué pasó, si crecieron mis hermanos y olvidaron el Atari o qué. Luego de un tiempo me enteré que había salido el Nintendo, o el Nientiendo como decían muchos, pero ya no tuvimos más consolas.
Y bueno, todavía existen las maquinitas, pagas una lana, comes todo lo que quieras, te estas horas y ves películas. Antes, comprabas fichas y ya.
Y sí…así fue. A pesar de que haya jugado de chica al Pac Man y ganar unos míseros puntos, mi torpeza motriz sigue igual. Insisto en que tengo dedos tontos.
Para muchos, las Chispas fue toda una época, y el ir con amigos fue de lo mejor.

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