A mi me tocó casi a finales de la época de los 80’s, entre el 86 y 88. Y fue un despepitadero de quince años entre todas mis compañeras de la generación. Las primeras y más grandes de edad empezaron esporádicamente con sus fiestas de quince años y ahí fue donde tuve mis primeras invitaciones.
Los permisos eran hasta las 12 y san se acabó. Yo tenía 14 y por supuesto que mis atuendos ahora que lo pienso eran…eran…nada waw. No digo que no fueran bonitos, pero pienso que tal vez fueron demasiado formales, con zapato bajo y yo siendo una varita de nardo…buéhh, que bueno que muchos no me conocieron en ese entonces.
El tiempo pasó y como que las modas fueron cambiando un poco, además uno se va fogueando y va viendo cómo está el asunto de las pachangas.
Así que ya más coqueta, con ropa un poco más ajustada y una que otra pintadita en el ojo como que uno se veía ya menos pior. Pero no sé quién estaba peor, si nosotras o ellos, pues al ser de la misma edad, ellos todavía andaban con cara de moco. En las fiestas nos moríamos por que los chicos nos sacaran a bailar y ellos, tal vez seguían comentando la caricatura que habían visto ese día. Alguno que otro osado y más maduro se atrevía a dar el primer paso y por supuesto que era algo vergonzoso, pues los hombres siempre estaban de un lado y las mujeres del otro. Y si algún chavo quería sacar a alguien en especial, era un poco complicado porque nosotras nos movíamos en grupos, como masas que se transportaban de un lado a otro sin poder dividirse. Hasta para ir al baño teníamos que ir todas juntas. Así que la oportunidad para un chavo de buscar a la chica que le interesaba eran casi nulas.
Los quince por lo general se hacían en las casas. Algunas eran padres y otras no tanto. Sólo me tocó algunas que fueran en salón que yo recuerde. De hecho una de ellas fue en una disco allá en Tampico, la cual se me hizo súper waw pues era de los antros más picudos en ese tiempo. Para esto, yo jamás había ido a una disco pues tenía 14 todavía, así que para poder ir a la fiesta tenía que ir con uno de mis hermanos mayores. El con dos años mayor que yo, se veía más grande por supuesto. Y guapetón siempre lo fue. Entonces yo llegué acompañada de mi hermano que iba de traje, hecho todo un galán. Entramos partiendo plaza y todas mis amigas se quedaron con la boca abierta…¡Iba con un chavo grande y guapísimo!, no como todos los demás compañeros que seguían con su cara de moco (pobres no era culpa de ellos, sólo les faltaba crecer y madurar un poco más). Para esto, mi hermano era el único que iba de traje, así que todas las miradas se centraron en él.
Mis amigas cuando supieron que era mi hermano me decían que se los presentara. Y una de ellas fue la ganona, que hoy en día es su esposa y mi querida cuñis.
Cuando cumplí mis quince, invité a casi todos los compañeros de mi generación. En ese entonces yo seguía con mi cara de moco también, usaba frenos y mi físico…era igual que el de una niña de primera comunión. Tardé muchísimo en desarrollarme y verme como una jovencita; era algo frustrante porque las miradas pasaban sobre de uno sin darse cuenta de mi existencia. Pero de algo sirvió, porque ahora a mis 41 años, me calculan menos de 35 y se sorprenden cuando saben que tengo hijos. Creo que mi recompensa fue mayor.
Me hicieron una fiesta en mi casa y contratamos al mejor disc jockey de ese entonces. Y como la casa y el garage eran muy grandes, los invitados, los gorrones y los colados se la pasaron súper. No hubo adultos más que dos tres, y todos los demás eran pura chavisa. Mis quince fueron muy esperados por muchos, pues como era de las más chicas de la generación fui de las últimas en tener su fiesta y había que aprovechar la ocasión. Se dieron refrescos, volovanes y nada más. ¿Pastel?…quién sabe, de eso no me acuerdo. ¡Pero la fiesta estuvo padrísima! Fue muchísima gente, incluyendo a los amigos de mis hermanos. La música no dejó de tocar en ningún momento y la fiesta se prolongó bastante.
Para esto, semanas antes, mi papá me hacía enojar diciéndome que daría un discurso en mi fiesta. Así cómo en las bodas cuando se para el papá de la novia o el padrino para dar unas palabras. ¡Noooo!, ¡yo no quería eso!, ni discurso, ni vestido rosa, ni mucho menos hampón como piñata, ni peinado de salón ni nada cursi. Gracias a Dios que mis papás no tienen una foto de estudio de mis quince. Mi vestido me lo hizo mi mamá, fue de encaje color hueso, sencillo y no largo, con zapatillas doradas y mi peinado tipo Flans que yo solita me hice.
Y sí…así fue. La época de los quince fue fabulosa a pesar de lo gachito que se veía uno. Fui a muchísimos quince años y el mío fue uno de los mejores. Los chicos tardaron unos dos años más para descubrir que existían las chicas y afortunadamente mi papá, no dio su tan anunciado discurso.
12 años
LOS QUINCE
Some HTML is OK