Cuando tenía 20 años, uno de mis hermanos me dijo…-Mmm puess tas bieeen…delgadita, pero nomás. Te hace falta forma, dijo. (El estar delgadita no era suficiente para verse uno bien). Podrías estar mejor, recalcó.
Así que me animó a meterme a un gym allá en Tampico. Me gustó la idea y la seguí. Obtuve buenos resultados, pero cuando ya estaba pronto a casarme, lo dejé. Estaba muy ocupada en el negocio que habíamos puesto mi esposo y yo. Luego nos casamos y las obligaciones y responsabilidades se acrecentaron. Me ocupé de la casa yo sola, hasta que vino mi primer hijo dos años después. En ese momento tuve ayuda.
Todo mi tiempo y dedicación fue para mi hijo, después vino el otro y fui madre en cuerpo y alma. Mi mundo era ese, el de niños chiquitos, piñatas, idas a la playa, aunque sea yo sola con ellos con tal que disfrutaran su infancia. De llevarlos al parque, de cantarles canciones y llenarles el cuarto de juegos, de pósters y decoraciones lindas. Enseñarles a andar en bici y en patines, a nadar y a dibujar. Mostrarles el mundo y respetar la naturaleza…creo que no les faltó nada, tuvieron una infancia muy feliz.
Pero durante muchos años me olvidé de mi, de mis gustos y necesidades. No creo que haya cometido un error, porque disfruté enormemente esa época de mis hijos, cada sonrisa, cada detalle, cada logro yo lo viví. Por algo tuvo que ser así.
Después, un año antes de mudarnos a Monterrey estuve en el spinning. Y llegando a Monterrey con un niño de 6 y el otro de 3, me volví a dedicar en cuerpo y alma a mis hijos. Siempre lo he hecho. Pero en este caso, les di prioridad a ellos, a sus clases extracurriculares y a sus necesidades. No era mi tiempo. Tuve que dedicarle mucha atención a uno de mis hijos pues así la vida me lo pedía. Fue desgastante pero al final tuve un respiro.
Pasaron casi tres años para que yo volteara y dedicara tiempo para mi. En eso una amiga me sugirió un gimnasio de puras mujeres el cual me agradó mucho. Entré y seguí con mis rutinas y conocimientos adquiridos anteriormente. No conocía a nadie, así que me dedicaba a lo mío y nada más. Con el tiempo me fui haciendo de amigas, todas tan únicas y diferentes que las hacen ser grandiosas. Me es grato el estar en un lugar donde las poses y los estatus no existen, no hay fijón si traes ropa de marca o no, si eres o no eres más linda que otra. Al contrario, siempre nos andamos chuleando, apoyando en todo y echándonos porras.
Tengo la gran dicha de llenarme de tan buenas personas, de conocerlas sin maquillaje, de mostrarse tal y como son. Y todas son muy bellas.
Luchonas, guerreras, implacables, con sus debilidades y flaquezas, ocurrentes, divertidas, sentimentales, las que platican mucho y las que salen corriendo al café o a los tacos. Todas ellas llenan mis días.
Ya son 5 años los que llevo ahí y no creo cambiarme. No es un gym muy waw pero mientras tenga el equipo necesario y el ambiente adecuado es más que suficiente. Que me gustaría estar en uno más padre claro que si, nadie le hace el feo a lo bonito. Más la amistad que tengo a diario con mis amigas es lo que me hace quedarme. Es económico, grande, con suficientes aparatos pero sin muchos lujos.
Y en cuanto al gusto de ir, en lo personal es mucho, me llena de vida, trabajo mi cuerpo y es gratificante el ver buenos resultados, de saber que lo estoy haciendo bien y que puedo ayudar a otras amigas a que lo hagan bien. Algunas hasta me tienen miedo por las rutinas que les pongo, pero aún así les gusta la mala vida.
Y sí…así fue. Hay tiempo para todo, y considero que el tiempo dedicado a los hijos no es desperdiciado. Ahora puedo gozar de ciertas libertades, de mi espacio y de darme cuenta que nunca es tarde para verse uno mejor. De pulir ese cuerpo que Dios nos dio.
Así que a darle!.
12 años
EL GYM
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