Entre las venturas y desventuras de la vida, hay una serie de acontecimientos, que cualquiera podría decir que es mala suerte, mal día, mal momento o simplemente que es el karma de cada quién.
Yo lo veo como cosas que pasan y nada más. Incidentes, los cuales, muchos se nos salen de nuestras manos. La mayoría, la verdad, es por burris: por no poner atención a las cosas, por no ver más allá de lo que pueda suceder, por no utilizar la lógica, por despistados o por una torpeza motriz tremenda.
Es muy común que cuando uno trae prisa, las cosas pasan. Si te estás arreglando de volada para irte a un compromiso, fiesta, o algo especial…¡chin!, ¡ya te manchaste de pasta de dientes la ropa!. Los zapatos que te querías poner ¡no están boleados!, te rasuras tan rápido que terminas todo cortado, te tratas de hacer un peinado especial ¡y el cabello no se te acomoda!, y mientras tanto el reloj sigue corriendo. Pero si uno siempre se arregla y pinta igual ¿porqué ese día la rayita del ojo no te queda?, ¿porqué se te mete el rímel al ojo y te arde hasta la m…?, las medias, que aunque ya casi no se usen, se te rompen, el vestido se te mancha y el nudo de la corbata no te sale.
Hay que tomarse su tiempo, pues las malditas prisas no nos llevan a nada bueno, nos ponen de nervios y nos hacen más torpes de lo que podamos ser.
En alguna ocasión, tuve que dejar mis pinturas, el peine, la secadora y todo para apoyarme sobre el tocador, respirar profundo y decir: ¡ya basta!, ¡tranquila!, que sólo estoy empeorando las cosas. Volví a respirar y logré serenarme, ya no pensando en los minutos que me faltaban. Y como por arte de magia me arreglé en un santiamén.
No es muy común que un huevo se te caiga y hagas un batidero. Pero tienes que ser muy abusado de cómo limpias, porque a una familia les sucedió y se les hizo fácil agarrar el trapeador y limpiar el batidero. Según ellos le trapearon muy bien, pero ya para la tarde, estaban todos en el patio porque no aguantaban el olor a choquía de toda la casa.
Y si estamos platicando con alguien, nunca falta que le estás viendo el mocasín, la lagaña o el frijolazo en el diente. Es incomodísimo, a menos que tengas la suficiente confianza para decirle.
Cuando sacas un traste mal cerrado del refri y tooodo se te tira. Las tortillas se te queman, el arroz que siempre haces te queda batido, se te cae un vaso en la mesa, te cortas con el cuchillo o te explota la olla express…eso me acaba de suceder ahora en estos días, y yo que creía saberme una experta en el uso de la olla. Ese día fue la excepción. Siempre la he usado para todo. Más no contaba con la astucia de que, mi parrilla que es nueva, tienen mucha potencia las ornillas y la presión aumentó. Así que salió disparada la válvula de seguridad y un géiser de frijoles en mi cocina hizo un gran espectáculo, entré corriendo en calcetines y como no podía apagar la flama porque todo el vapor y agua salía de manera descomunal, le aventé un trapo encima a la olla para poder acercarme a apagar la lumbre…una devastación total en mi cocina, y que si no hubiera sido porque tengo un extractor de campana, ya todo el techo estaría batido de frijoles. Y antes de decir ¡me lleva!, me puse a limpiar todo, rápidito y a lo que vas. No gana uno nada con enojarse. Así que lo limpias y ya.
Me imagino que por eso hicieron ese programa del de “Mercado de Lágrimas”, se acuerdan?. Nada fuera de nuestra realidad, aunque de manera más dramática. Pero a veces así nos pasamos la vida, sufriendo por puras tonterías: porque se nos acabó la leche, porque el carro casi no trae gasolina, porque no hay en la tienda el artículo que buscábamos, porque el gel se nos terminó, la camisa que queríamos no estaba lista a tiempo, llegamos tarde a nuestro destino, el desarmador no lo encontramos, y las llaves ¡menos!, vas al baño y resulta que no hay papel, te quieres preparar tu café y no hay azúcar. Tal pareciera que en ésta casa ¡no hay nada!, si hay todo, pero las cosas se acaban. Así que deja de chillonear, compra tu leche, ponle gasolina al carro, date tiempo para llegar puntual, abastece tu mandado, prevé lo que te vayas a poner, guarda las cosas en su lugar, fíjate que haya papel antes de entrar al baño y ¡deja de estar jorongando!.
Y si no alcanzaste boleto para el cine, el concierto, la fiesta o lo que sea, pues no hay y ya!. No tenemos reservado el mundo ni las situaciones, así pasan cuando suceden. Y si las cosas pasan, lo peor que uno puede hacer, es maldecir, porque efectivamente van a seguir pasando!
Y sí…así fue. Me imagino que Dios se ha de dar una gran divertida con las bolas de tarugadas que hacemos y aunque algunos son reincidentes, otros más aprenden rápido la lección. Aún así, siempre hay cosas nuevas que podemos seguir cajeteándolas…no os preocupéis que para todos hay. “Así pasa, cuando sucede”.
12 años
ASI PASA, CUANDO SUCEDE
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Mera realidad o coincidencia…..apuntada gabyta….promesa que trabajarë en no cajetearla, y yo que acabe el Dalay, pero ahora que leo esto, no comprarë mas Dalay. Gracias princesa creí que solo era a miiiiiiiii. Un abrazo bien apretado.