Así fue, algo inesperado, o digamos, casi de última hora.
Estas vacaciones de verano, no teníamos planeado salir a ningún lado. Acabamos de construir nuestra casa y los gastos han sido muchos. Pero mi mamá casi me insistió, en que sería genial el poder acompañarlos a Cancún.
Un éxodo de mi familia allá en Tampico empezaba a movilizarse para radicar en Cancún. Y por azares del destino casi toda la familia se pudo reunir, sólo faltaron 3, mi cuñada y sus hijos.
Puebla, Tampico y Monterrey en Cancún.
De plano, alquilamos una casa de dos pisos, en donde 3 familias viviríamos temporalmente. Pequeña, pero de buen tamaño y completamente equipada.
La casa se hizo de todos, y los que ya radicaban en Cancún iban y venían. A veces se quedaban a dormir y otras no, a según.
Por supuesto que hubo reglas, y eso desde que llegamos. Mi mamá pegó en el refri un pedazo de cartulina que decía:
“SÚPER VACACIONES PARA TODOS”
-SI ENSUCIAS………..LIMPIA
-SI ABRES……………..CIERRA
-SI TIRAS……………….LEVANTA
-SI ENCIENDES………APAGA
-SI COCINAS………….CONVIDA
La cosa era solidaria, y cada quién aparte de ocuparse de sus cosas, tenía que aportar para el bien común. Doce personas iban y venían, comían, dormían y hacían su reguero, luego lo levantaban y los turnos del baño había que cacharlos.
Desde que llegamos, al día siguiente mi hermano me llevo a un gym, aquí cerca para inscribirme. Iba a tener demasiado tiempo en Cancún, como para abandonar el ejercicio. Pero lo que nunca esperé es que fuera a tener el entrenamiento más intenso de mi vida, o por lo menos digamos mas en forma. Estaba acostumbrada a hacer lo que sabía y aunque no andaba tan mal en mis conocimientos tipo fitness, creo que me vi en pañales frente al instructor que no me soltó ni un minuto. Había que aprovechar el tiempo, y cada minuto era muy valioso ya que los días eran contados. Mi instructor se comprometió a dedicarme su tiempo y yo a aprovecharlo al máximo. Así que todas las mañanas me levantaba relativamente temprano para ir al matadero. Lo bueno es que siempre regresaba viva.
Para los de Puebla y Monterrey eran vacaciones. Pero los de Tampico y Cancún era reorganizar su vida y establecerse. Así que no todo fue pachanga.
Había que buscar casa para los de Tampico, hacer de comer para un regimiento y desplazarnos en dos autos sardina. Los víveres volaban y las idas al súper eran frecuentes.
Juntos pero no revueltos, cada quién con sus espacios y con sus deberes. Digamos que son valores entendidos. Y aunque, esta odisea todavía no termina hasta que en lo personal me regrese a Monterrey, las cosas han marchado en completo orden.
Y sí…así fue. En todo este tiempo hemos tenido chance de darnos algunos paseos en familia, de ir de antro y alguna cenita, visitar familia muy querida y de ir a una degustación de nuestra amiga chef. Para mi, ha sido como la oportunidad de tomar un curso intensivo en el gym, que es lo que tanto me apasiona. Y por supuesto el poder estar, juntos en familia otra vez.
12 años
JUNTOS PERO NO REVUELTOS
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Que maravilloso vivir esa experiencia, es algo que me encantaria saborear. Me los imagino a todos despertando ¡¡buenos dias, buenos dias, buenas dias…jajajaja. los niños sin querer dormir, emocionados por el momento. Y convencida estoy, lo que realizaron es satisfactorio para tu vida pues hoy lo vives y cuando lo cuentas lo vuelves a vivir. Se queda dentro de tu cajita de emociones. woooow.