No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 12 años

DÉJÀ VU

He de haber tenido unos 9 años cuando fuimos de viaje a Mérida y Cozumel.
Era la primera vez que conocía las pirámides de Uxmal, y todo fue maravilloso. Mis papás nos llevaron a lugares turísticos muy atractivos, conocimos su gastronomía y su cultura. Recuerdo que en un restaurante allá en Mérida, había como un tipo de amenidades donde una persona al micrófono decía las famosas “bombas”. Muchas de ellas no les entendíamos porque eran chistes locales, pero otras, se quedaron para la posteridad, como aquella que decía….(en acento maya, claro)…”La otra noche fui a tu casa, y me ladraron los perros, les quise aventar una piedra, y me embarré los dedos…bomba!”
En Cozumel, uno de los paseos que hicimos, fue ir a snorkelear. Vimos los arrecifes de corales más espectaculares, y el agua cristalina hacía que los pecesitos de colores lucieran en todo su esplendor. Un mundo mágico y diferente se desarrollaba allá abajo a escasos metros de la superficie. Los colores y lo cristalino del lugar fue lo que más me impactó.
Aunque pensándolo bien, hubiera sido mejor usar el visor nada más, y hacer mis inmersiones a puro pulmón. Eso de respirar sólo por la boca de buenas a primeras, no fue buena idea y menos sin un entrenamiento previo. Pues tragué agua y aire a todo lo que daba, y al fin niña yo seguía viendo los pecesitos. Al terminar, nos fuimos en un jeep a dar un paseo por la isla, el cual lo sufrí bastante porque ya me sentía pésimamente mal. Terminé con la panza inflada de aire y vomitando…en fin…creo que tendré que regresar alguna vez para volver a hacer ese paseo sin tantas fallas.
Pero cuando fuimos a las pirámides de Uxmal, sucedió algo muy extraño; yo subía por una de las pirámides y al llegar arriba, vi a mi alrededor: los árboles, el panorama, las sensaciones del aire, su olor, el calor, la perspectiva desde mi ángulo donde estaba parada…todo, absolutamente todo, ya había estado yo ahí. ¿Cómo?, no lo sé, pero fueron fracciones de segundos que ya había vivido. A eso se le llama Déjà Vu, y en mi vida me ha sucedido dos veces que yo recuerde.
La segunda vez, fue estando en la cocina de mis papás, todos estaban a la mesa, mi mamá iba y venía y los demás platicábamos como de costumbre. Pero en un instante y como si supiera todo lo que fuera a suceder en los siguientes nano segundos, me quedé perpleja al ver que todo ocurría tal y como ya lo había vivido: palabras, movimientos, acciones, sonidos…fue un flash muy fugaz. No era un momento importante ni significativo, pero simplemente sucedió.
Nomás que ahora que ando todavía en Cancún de vacaciones, fuimos a snorkelear y recordando las tragadas de agua que me di aquella vez en Cozumel, está vez quise evitar un Déjà Vu intencional. Así que tratando de mantener la calma como en trabajo de parto, me decía a mi misma…”tranquila, inhala, exhala, inhala, exhala ufff, ufff, ufff…”. A final de cuentas terminé quitándole el aire a mi chaleco salvavidas y haciendo inmersiones sin el snorkel. Creo que él y yo no nos entendimos muy bien, así que me lo aventé a puro pulmón.
Y sí…así fue. Entre las cosas extrañas de la vida, a veces parece que vivimos anticipadamente un futuro inmediato. Creíble, entendible, explicable?…no lo sé, pero si sé, que la única en este planeta que lo haya experimentado, no lo soy.

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