No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 12 años

CAMINOS

    Recorriendo un buen tramo por carretera nacional acá en Monterrey, uno da vuelta y se interna en un pequeño pueblo. Y como si nos regresáramos en el tiempo, el panorama cambia. Gente a caballo, vaqueros, caballerizas, rodeos, casas pequeñas de toda la vida, grandes bardas que amurallan quintas sensacionales, calles estrechas y caminos sinuosos. 
    Por esos caminos llego a mi casa, tan lejos de todo y tan cerca de la naturaleza. Así crecí yo, rodeada de naturaleza, amando la tierra y respetando a la misma. Tuve la gran fortuna de crecer a lado de un pantano, tan lleno de vida que jamás se mantenía en silencio. Para unos era ruido el croar de las ranas o el canto de los grillos y de cuanto bichito hubiera. Para nosotros, era nuestra paz, nuestro hogar. 
    Pero no todo empezó ahí para mi. Mi tierra y mis raíces son de la Ciudad de México, justo a las afueras de un pueblo llamado Tepepan, en Xochimilco, que en náhuatl significa “sobre el cerro”. Ahí, en una casa de gran terreno y amurallada por pura piedra volcánica, mis días empezaron. Sus caminos empedrados, nos llevaban hasta arriba al corazón del pueblo, donde una gran iglesia revestía el lugar. 
    Después mi panorama cambió drásticamente. Ya no vivíamos ahí y nos fuimos a Tampico. Nuestro hogar era otro y su entorno era muy diferente, hasta extraño podría decirse, pues para llegar a él, uno tenía que pasar por un cementerio. Nuestros vecinos, digamos que eran muy, callados…por suerte. Nuestra casa colindaba por dos de sus costados al panteón y creo recordar que por la parte de atrás de la casa, se veían las tumbas. Más nunca nos dio miedo. 
    De ahí, nos fuimos a la casa del pantano, donde toda mi infancia y juventud la pasé ahí. 
    Anteriormente era pura terracería lo que era la calle para llegar a la casa. Pues nada más eran los vecinos de a lado y nosotros, no más. Y todo a nuestro al rededor era pura vegetación. Con el gran pantano a un lado de nosotros, que nos llenaba de vida.
    Después me casé y nos fuimos a esa vieja casa sin techo, ¿recuerdan que ya les había platicado de eso?. Era como una pequeña hacienda en un segundo piso, en donde las recamaras, la sala, cocina y comedor estaban alrededor de un patio central. El camino y la ubicación de la casa no eran nada buenos, más sin embargo nunca tuvimos problemas con los vecinos. 
    Con los años nos mudamos a Monterrey y llegamos a una pequeña casa de dos pisos con techo. Vivíamos a faldas del cerro de la Silla. Y para llegar a ella, todo el camino, entrando a la colonia, era de pura subida y estaba en una esquina justo donde daba la vuelta el viento. La vista que teníamos era maravillosa, todo el cerro imponente lo teníamos frente a nosotros.
    Y aunque fuera nuestro hogar, la casa no era nuestra. Así que con el tiempo empezamos a buscar nuestro lugar ideal. Mi marido me llevó a un lugar alejado de todo, donde le habían recomendado un fraccionamiento apenas en crecimiento y cuando llegamos, me enamoré del lugar inmediatamente. Siempre he pensado que la ubicación de una casa es muy importante. Después fuimos a ver muchos terrenos y ninguno me llegó a interesar tanto como el primero. Lo tenía todo: privacidad, seguridad, un gran gran fraccionamiento bardeado, una vista hermosa, un lago artificial, un pequeño parque y andadores por todo el perímetro del lugar, puentes colgantes y unas pequeñas cascadas fabulosas. Y lo mejor de todo, es que era un bosque. Regresé a mis raíces, a conservar mis sueños, a revivir ese contacto con la naturaleza y a seguir amándola. Ahí construimos nuestro hogar y ahora tenemos una linda casa con techo, rodeada de una naturaleza bellísima. A lo lejos se ven las montañas, y el arrullo de todas las noches son de los cientos de bichos que se oyen por ahí. 
    El camino para llegar a mi casa es largo, pero al atravesar el pueblo, siempre da esa sensación de desconectarte del acelere diario. 
    Y sí…así fue. No importa que caminos tengas que tomar para llegar a tu casa, siempre y cuando llegues a tu hogar.

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