No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 13 años

GAJES DEL OFICIO

A la edad de 14 ó 15 años mis hermanos se dieron a la tarea de enseñarme a manejar y lo hicieron muy bien, fueron muy pacientes y me llevaban a lugares donde el grado de dificultad iba en aumento. Uno de los mayores retos que tuve fue el tener que subir una pendiente muy inclinada con un carro estándar; parar el carro a la mitad de la subida, hacerlo encender y arrancar sin irme para atrás.  Dicen mis hermanos que nomás me sudaba el bigote y que al hacer los cambios de las velocidades casi pulverizaba la palanca de lo fuerte que la agarraba, a mi mano se le saltaban las venas, los dedos se me entumían y mis músculos se exaltaban   de tanta tensión que ejercía .  Ustedes saben, closh, freno, acelerador, volante, freno de mano y palanca de velocidades al mismo tiempo era casi imposible. ¡Pero lo hice!, así que ahora el agarrar un carro automático es cosa de risa.
A los 16 sacaron mi licencia, me aventaron sola al ruedo y me agarraron como chofer de mi hermano más chico.  El hacer mandados no había problema, pero  lo que era más hiperodioso es que cuando dejaba a mi hermano en la escuela, éste nomás se bajaba y daba el portazo….y yo, “de nada”.
Siempre fui cuidadosa al manejar y creo que hasta ahorita no lo hago tan mal que digamos. He librado algunos golpes y más de gente taruga que se le atraviesa a uno. Y lo que les digo cuando se me cierran o hacen alguna burrada es decirles  “¡zoqueteee!”.  Claro que nunca me oyen porque siempre traigo el vidrio arriba.
Peeero, he de confesar que en tres ocasiones choqué, nomas que con cosas que no estaban en movimiento.  Lo malo es que nunca pude alegar como la famosa borracha de Monterrey que dijo….”mee chocarooon”.
La primera y mas fatídica fue por culpa de unas albóndigas. Seee ya seee, ya seee que uno no puede chocar contra unas albóndigas, pero por culpa de ellas choque contra un árbol.  En ese entonces andaba de novia de mi esposo y nos invitaron a comer en casa de mi cuñada. Y yo como toda futura esposa hacendocita llevé unas ricas albóndigas.  Al final ya para irme a mi casa me llevé el volchito de mi suegro (grave error), guardé las albóndigas que quedaban en un traste y las puse en el piso del acompañante. Pero apenas dando la vuelta en la esquina  ¡Zaz!, que se me voltea el traste y por tratar de agarrarlo de repente sentí un golpe en seco…¡Oh Dios!, había chocado contra un árbol  y no es que estuviera un árbol a la mitad de la calle, no claro que no. El volante al dar la vuelta lo dejé torcido y me trepé a la banqueta pegándole al árbol.  Al principio no salía de mi asombro y por mi mente solo pensaba ¿¡cómo rayos había chocado contra un árbol?!  Y como mi papá siempre ha dicho que “más vale una graciosa huida que una apasionada entrega”, yo huí.  Me baje del coche, vi que la defensa había quedado como los bigotes de Sam bigotes, agarre mi bolsa y me fui a paso veloz a casa de mi cuñada.  La gente que andaba por ahí me preguntó que si estaba bien y yo sin querer verla a los ojos les decía, seee, see,see.  Era tanta mi vergüenza que no podía quedarme ahí.  Después de eso tarde más de un año en volver hacer albóndigas.
La otra fue en un estacionamiento techado y al tratar de salir de ahí ¡Crash!, que le pego a un costado de la camioneta con una de las columnas. ¡Ohh my GOD! Casi me da el infarto. Pero ahí es una de tres…o mi camioneta estaba muy grande, o el estacionamiento muy chico, o de plano me vi muy burris para salir de ahí.  Después de eso me sentí como la niña concentida de papi, donde el marido se encargó de arreglar la ograciosada de su mujercita. Pero si se siente re gacho.
La última fue una mini nada, pero igual me asuste y más porque me quedé dormida, Ohh Sii.  Eso de ser mamá con mil pendientes y andar de chofer en una ciudad tan grande como Monterrey  creo que agota.  Eran como las 2:30pm acababa de recoger a mis hijos y tenía que llegar a tiempo a su clase de natación, ustedes saben después de comer, con el Sol a rabiar y el clima encendido, con la mitad del día recorrido y todavía faltaba la otra mitad.  Y como siempre para agarrar Gonzalitos teníamos que ir a vuelta de rueda y de bajadita, era sumamente tedioso. Según yo venía presionando el freno, pero de repente sentí un “Poc”.  ¡Oh Dios!  Se me habían cerrado los ojos y lo primero que veo enfrente es una súper mega camioneta very guau a la que le había pegado con la camioneta de mi maridooo, y que se baja una señora toda encopetada, y que me bajo yo, y antes de que me dijera algo le dije, “discúlpeme, es que no me siento bien, ando con calentura y no sé lo que me pasó, de hecho ahorita voy al doctor”….¡ seee claro!, antes no le dije que traía prisa porque había dejado a mi abuelita en remojo.  Y como no le paso absolutamente nada a su camioneta ni a la mía no me la hizo de tos.  Claro que después de ahí ya traía yo taquicardia nomás del susto.
Así que moraleja joven, si manejas no traigas albóndigas, o si traes albóndigas no manejes.

Abril 2013

Some HTML is OK