No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 11 años

LA AVANZADA

Poco a poco fueron llegando. Después de un año de haberlo planeado, el tiempo se llegó. Hicimos lo mejor posible para que nuestra familia estuviera lo más cómoda aquí, en mi nueva casa con techo.
Todos hicieron un gran esfuerzo de tiempo, trabajo y dinero para venir a Monterrey, a pasar juntos, el Año Nuevo. Nadie faltó, fuimos 16 personas bajo un mismo techo y nos la pasamos muy padre durante varios días.
La primera avanzada llegó el 27 de diciembre, venían de Puebla dos sobrinos. Y tras toda una travesía, por fin llegaron a mi casa. Cansados, hambrientos, con frío y mojados.
Para todos era un gran festejo el saber que fueran llegando con bien.
La segunda avanzada fue el día 28. De Cancún, venía uno de mis hermanos, papá de mis sobrinos que ya estaban aquí.
Creo que sus hijos fueron mas abusados en llegar. Les di indicaciones y con eso bastó para recogerlos, en la centralita donde llegan los autobuses del aeropuerto. En cambio mi hermano, creo que batalló un poco. Por lo menos para atravesarse la calle. No estaba seguro, porque según él, decía que lo iban a atropellar (con tanto carro). Y si, casi lo atropella un taxi que daba vuelta. Pero fue tan chistoso,  que no podíamos dejar de reír desde el otro lado de la calle sus hijos y yo.
Nuevamente, todos los demás en la familia por whatsapp, festejaban la llegada de otro integrante más.
En esos días, le metimos velocidad para dejar la casa y los cuartos listos. Hicimos compras para la cena del 31 y me puse a cocinar el 30 por la mañana, un bacalao de miedo. Teníamos que apurarnos en todo! La tercera avanzada ya amenazaba por llegar ese mismo día y la cuarta también!
Por carretera llegó la tercera avanzada desde Tampico. Mi hermano con su familia, llegaron hasta mi casa a eso de las 4:30pm mas o menos.
Ya un gran alboroto había con los que estábamos. Sin embargo, en la noche de ese mismo día, la cuarta avanzada, llegó. En bola desde Cancún, otro de mis hermanos con su familia y mis papás se dejaron venir.
Cacerolas con guisados, una sopa de fideo enorme y platos desechables esperaban a un regimiento. Todos comían como pelones de hospicio. Las tazas de café eran interminables, los tacos y las tortas se repartían al por mayor. Y desde el 30 empezamos a darle cran al bacalao. Por suerte quedó para la cena del 31.
La cocina, a pesar de su gran tamaño, parecía ser insuficiente para todos hechos bola ahí. Cada quién comía cómo podía. Y como hacía un frío del carambas, nos quedaba bien el estar juntitos. Risas, bromas, pláticas cruzadas, todo al mismo tiempo.
Por supuesto, que si no hubiera sido por mi esposo, mis cuñadas o mi mamá, tal vez los demás no habrían comido decentemente. Yo mas que nada, me ocupaba de tener las cosas en orden y lo mas recogido posible. Eso de la mesereada como que no se me da. Por eso no trabajo en un restaurant.
Tampoco podría tener una casa de huéspedes, porque una de mis cuñadas me pidió como 5 veces una pomada para mi hermano que se había lastimado un dedo, y las 5 veces se me olvidó dársela. Para ir al súper de compras express, necesitaba secre para que me recordara de las cuatro cosas que tenía que comprar. Como de rayo entrábamos y salíamos. Pero el colmo de los colmos, fue cuando se llegó la hora del brindis. Ya con la mesa puesta bien bonita y después de foto y foto, me voy dando cuenta de que no había comprado uvas ni sidra. Buéhh! pus qué se le iba hacer. Rápido fui por el bote de pasitas con chocolate que tenía y que les pongo 12 a cada quien en su plato. Y lo de la sidra como que a nadie le importó y se sirvió vino tinto en su lugar. Dieron las 12 y entre salud y salud, abrazos y abrazos, me comí mis pasitas con chocolate de a bonches. Que pareciera y me fuera a dar un coma diabético por tanto dulce, ya que no estoy acostumbrada a eso. En fin…
Y sí…así fue. Tal vez no fui la mejor anfitriona, por aquello de los olvidos, pero se les recibió de todo corazón. Fue un gusto tremendo el estar juntos, el que conocieran nuestros espacios, el verlos contentos, que hicieron de este fin de año, uno de los más maravillosos.

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