Todavía no empezaban las clases y ya estaba yo sufriendo.
Creo que estas vacaciones de invierno, estuvieron pletóricas de emociones. Desde antes del último día de clases ya andábamos con mil cosas y compromisos. Prácticamente, no hubo tiempo de descansar en todas las vacaciones y a ritmo acelerado ya llegaban a su fin. Nos la pasamos padrísimo!. Pero ese tan amenazante primer día de clases, ya se dejaba venir.
Era un miércoles, cuando se supone que tendrían que entrar mis hijos a la escuela. Pero como todavía estaban sus primos de Puebla…pues no fueron!. Y yo felíz.
Me había librado un día de no ir a la escuela ja!, hacía frío y no tenía nadita de ganas de llevarlos, mucho menos de levantarme tan temprano.
Pero como ese mismo día en la tarde se fueron mis sobrinos, ya no había de otra mas que llevar a mis hijos a la escuela al día siguiente.
El despertador sonó a las 5:50am noooooo!! Pero porqué?!!! Si estaba bien dormida!. Apago el despertador pensando “5 minutos más, 5 minutos más porfis, porfisss!”…
Fueron los 5 minutos más cortos de mi vida…y a cuatro grados de temperatura me tuve que parar para arreglarme, ohhh nooo!.
Qué infamia tan grande!, tener que dejar chamacos casi de madrugada pfff!. Y no sólo eso. Yo tenía como 20 días de no hacer nada de ejercicio, y es horrible tener que empezar de nuevo!.
Dormida, entumida y con un frío del demonio, entré dignamente al gym, según yo. Todo me pesaba, hasta mi alma y arrastrando la cobija pude balbucear unos poco entendibles “díasss”.
Apenas llevaba como 7 minutos en la elíptica cuando ya casi se me salía el bofe (que nunca he sabido dónde está, pero así lo dicen). Imploraba para que los 20 minutos que le había puesto pasaran rápido.
Como si veinte años me hubieran caído encima, me bajé de la elíptica para seguir con mi sufrimiento. Busqué lo más fácil que me pudiera encontrar y bien chicha yo, agarré un tapete y me puse a hacer ejercicios de piso.
Había poca gente para mi buena suerte, ya que no tenía ganas de platicar mucho. Así que me coloqué en un lugar apartado. Y al estar acostada, no habían pasado ni cinco minutos, cuando me estaba quedando dormida!. Rayos!! Estaba chafiando gacho!. No podía ni con mi alma. Y fue cuando dije…”¿Y qué demonios estoy haciendo aquí?”.
Tuve que aceptar que no podía más. Y me regresé a la casa a dormir.
Al día siguiente, osea viernes. Vuelve a sonar el méndigo despertador y dije nooooo por favor!!! No quiero ir a la escuelaaaa!!
Así que le pregunté a mi esposo que si los tenía que llevar, y me dice…-¿a cuánto estamos?.
-A cinco grados.
-Nnnno.
Esa fue la respuesta que justo quería escuchar, yesss!!. Así, no me sentiría tan mal de no llevarlos.
Me convertí en una madre desobligada, que no quería ir a la escuela.
¡Pero yo no tenía la culpa!. Mi cuerpo no estaba preparado psicológicamente para empezar mis rutinas, yo lo que quería era dormir.
Entonces, ese fin de semana me sirvió un poco…sólo un poco.
Se llega el lunes y lo mismo…chin!! Yo seguía implorando mis 5 minutos. Y el martes zaz!!, que llegamos tarde y con reporte de retardo, por supuesto!. Con lluvia, un choque en la carretera y un tráfico del demonio, quién no llega tarde…en fin.
Y sí…así fue. Creo que sufrí mas yo con este regreso a clases que mis hijos. Las levantadas son infames y el retomar mis ejercicios me ha costado un buen. Oxidada es poco como me siento y ahorita me duele hasta la sonrisa. Pero rendirse jamás! Así que a darle!, que la vida no espera.
11 años
¡5 MINUTOS MAS!
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