No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 11 años

HAY ANGELES VOLANDO EN ESTE LUGAR…

Desde que salí de mi casa con maletas, lista para que el chofer de la empresa me llevara al aeropuerto, algo extraño empezó a suceder. Era mediodía y el clima estaba agradable. No recuerdo el trayecto hasta la terminal, pero un silencio absoluto si había. Conozco a los choferes y algún comentario siempre ha de salir; ese día no.
Estaba cansada, muy cansada emocionalmente. Los días anteriores habían sido de noticias, sobresaltos, esperas, de incertidumbres angustiosas, para al final saber, que mi mamá tenía un enorme tumor.
Tuve que dejar a mi familia por una semana mas o menos, para poder ir a la cirugía de mi mamá allá en Tampico. Y todo un mundo de emociones se agolparon en mi ser.
Sin embargo, algo extraño sucedió. En vez de estar hecha todo un manojo de nervios o de sentir esa presión a punto de estallar; mi mente y mi cuerpo habían logrado un estado de paz sin precedentes.
Jalaba mi maleta en automático, presenté mis documentos y todo a mi alrededor se había desvanecido. Nada me importaba, caminaba en la dirección correcta, sin ver ni escuchar a los demás. Ausente de mi realidad estaba.
Fui de las primeras en subir al avión, me senté de lado del pasillo y cerré mis ojos. Cosa rara, porque nunca me ha gustado, que me vean dormir en una sala de espera o sillón de algún lugar público. Ese día, no me importó. Mi cuerpo y mi mente estaban cansados y lo que mas quería era dormir, perderme completamente.
A mi alrededor sentía y escuchaba a la gente ocupando sus lugares. De pronto, un sutil aroma a jazmín llegó hasta mi. Qué agradable aroma, hacía que mi estado de paz aumentara. Y lo único que pensé, es que tal vez alguien con ese perfume había pasado a mi lado.
Nuevamente volví a sentir ese aroma, y abriendo un poco los ojos, volteo hacia atrás para ver quién había pasado, pero no era nadie…qué raro.
El avión despegó y aún con los ojos cerrados, me encomendé a Dios. Mi pulso no se aceleró, ni mucho menos, sentí esa presión en el estómago al despegar. Me había abandonado completamente y estando como en un estado de trance, mi mente estaba completamente en blanco.
En eso, otra vez el aroma a jazmín volvió a mi, pero con más intensidad. Me llenaba de gozo y de tranquilidad. Respiré profundo y me dormí perdidamente.
Cuando llegué a casa de mis papás, le platiqué a mi mamá lo que había ocurrido en el avión, y le dije…
-Qué raro…nunca me imaginé, que pusieran aromatizante de jazmín en el avión.
Uno de mis hermanos que estaba en Cancún, también fue a Tampico. Toda la familia estaba reunida para poder ir a la cirugía de mi mamá en esos días.
Y platicando con él y con otro de mis hermanos, hace un comentario de que cuando una persona llega a oler a rosas o a jazmín, es porque los ángeles o tu ángel se hace presente. En ese momento casi se me caen los chones y dije…-NOOO!
La verdad, me dio como ñañaritas nomás de pensar de que un “ser” estuviera ahí conmigo.
Días después, comentando esto con personas distintas, me aseguraron lo mismo. Yo ignoraba completamente esto.
¿Pero qué fue lo que hice o dejé de hacer para merecer tan grande revelación?, en ningún momento lo pedí o traté de buscar alguna conexión con Dios. Yo sólo me abandoné, recuerdo haberle dicho, que ya no podía más y que ahí estaba yo, para que hiciera de mi lo que quisiera. No lo pensé como un reclamo, sino como una entrega total. Nada, no esperaba absolutamente nada.
Y sí…así fue. Hay ángeles volando en este lugar. Que tal vez sin merecerlo, afortunada soy, de ser testigo de tan grande revelación. Un soplo de vida, posiblemente Dios me mandó, para así interceder por la salud de mi mamá. Un caso de cáncer muy grave tuvo que superar. Y después de tanto sufrimiento, al cabo de un año, nos dieron la agradable noticia, de que todo, estaba bien.

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