En qué estábamos?…ohh sii!, en que ya había pasado algo de tiempo desde mi último escrito…bueno puesn, ahí les va…
Reeesulta, que ahora que llegaron las vacaciones, hubo la oportunidad de mandar a mi hijo menor a Cancún a casa de sus abues. Apenas terminaron sus clases, se fue de volada para allá. Le valió cacahuate su graduación de sexto, sus papeles y el convivio que hubo después…seee!.
Luego, mi marido también se fue de viaje de trabajo. Así que nos quedamos solos, mi hijo mayor y yo.
¡Y es algo que no entiendo!, cómo?, si en especial las mamás, pedimos a gritos tiempo libre o nuestro propio espacio, cómo es posible que me sintiera tan sola?!!. Todos los días uno ruega por tener un poco de tranquilidad, sin ese “mimimimimi” a diario de los hijos. Nos marean con tanto “mami mami mami”, que ya se limita uno en contestar a todo “mhm” o no?.
Así que, según yo, esa pulga en la oreja que traigo todos los días, en especial por mi hijo menor, sería un alivio. Al principio si fue alivio, pero al paso de los días y con la soledad de mi hijo mayor y yo, hasta eco se oía en la casa. No podía creer que extrañara sus preguntas a diario, sus comentarios y sus pláticas de los personajes que él conoce.
¡Pero si sólo tiene 12 años!, y al parecer hace mucho bulto. En fin…masoquista he de ser.
En esos días, me manda un mensaje mi mamá diciéndome…”supongo que sabes lo que es ir al súper con una pulga en la oreja, contándote de algún programa o receta que le gusta y yo que no puedo pensar ni encontrar lo que busco y la pulga no pierde el hilo!!”.
¡Pobre de mi mamá!, la ataranta mijo. Pero después fueron llegando otros nietos a Cancún, ahí a su casa. Así que ya estaría mi hijo entretenido con ellos y dejaría a mi mamá en paz por un rato.
Luego llegamos nosotros, a pasar una semana con ellos y el alboroto de todos metidos en la pequeña casa fue total. Pero hasta eso, todo fue un desorden muy bien organizado. Ocupábamos dos autos sardina y nos desplazábamos a todos lados.
Pero a pesar de ser ya varias pulgas en las orejas, una de ellas se nos perdió, o mejor dicho, se nos olvidó…
…Claro, que casualmente a mi fue a la que se le olvidó. Tengo dos hijos y se me pierde uno…buéh!. Y yo qué culpa tengo de que siempre se me olvide mi hijo Alex en los baños públicos!. Si se supone que hace “mucho bulto”, porqué nadie lo vio?!, a ver a ver.
Todo mundo agarró camino y ni sus abuelos ni su padre se acordaron de él.
Lo bueno es que cuando nos dimos cuenta de que no estaba en la bola, regresé al baño ligeramente desesperada y ahí seguía todavía…en fin.
Por eso le he dicho a mi pobre angelito, que se aprenda el número del DIF por cualquier emergencia. Ya que sus padres no lo cuidan muy bien que digamos.
Después de eso nada más se oía…Alex!
…y Alex?!
…dónde está Alex?!
Creo que un metro de distancia no nos era suficiente.
Y sí…así fue. Fuimos y venimos de Cancún con gratos recuerdos. Mis papás hicieron de todos nosotros una familia muy acomodada: en la sala, el cuarto, el otro, el de tele…
Los primos se la pasaron de lujo y mi pequeño hijo, perdido y encontrado, todavía le queda una semana más en casa de sus abues. Espero y no los atarante demasiado.
11 años
UNA PULGA EN LA OREJA
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