¡Hijolas!, creo que esto de ir a bodas, te hacen pensar o recapacitar en lo que realmente significa el hecho de casarse.
Ves hacia atrás y recuerdas todos esos momentos previos que tuviste antes de tu boda. Tus sueños, tus ilusiones, todo aquello que con tu pareja viviste. Tantos planes, tantos preparativos para ese gran día y no sólo eso, el soñar en pareja con tener una nueva vida, en formar una familia, con ser y tener la casa y la familia perfecta, con ser felices para siempre…
¿Se acuerdan de esas promesas y esos planes?. De ese amor infinito y para siempre?. Así es…ahí están, sólo hay que retomarlos un poco, desempolvarlos y recordarlos, de caer en la cuenta de que esa gran decisión que tuvimos hace tantos años de formar una familia fue la correcta. De saber que todo es perfecto. Y aunque para algunos no haya sido así y la vida los haga tomar diferentes rumbos, aún así, fue perfecto.
…Cuando mi esposo y yo nos íbamos a casar, tuvimos una especie de preparación. Fuimos con el padre Chucho, un padre jesuita del colegio donde habíamos estudiado. Él nos habló del matrimonio. Pero de entre tantas cosas que nos dijo, hubo una frase que me llamó mucho la atención: “El verdadero amor, es verse reflejado en el otro”.
Tal vez se oiga muy romántico nomás. Palabras bonitas tal vez para alguien que se va a casar.
Sin embargo, esas palabras, siempre resonaron en mi cabeza. No sé porqué les di tanta importancia. El asunto es, que sabía que esa frase que nos dijo el padre, no estaba bien comprendida del todo. Después, la olvidé.
Se llegó el tiempo de casarnos y nos fuimos a vivir a una vieja casa sin techo. Y no es que no tuviera techo, sino que para ir de la recámara a la cocina, teníamos que pasar por un patio interno, ése era el asunto.
Pero un día, ya después de un tiempo de casados. Regresábamos muy contentos a la casa y al estar en el umbral de la puerta de nuestra recámara, mi marido mete la llave, voltea a verme y me sonríe…casi no podía creer lo que veía!, desde lo mas profundo de sus ojos me veía a mí ahí reflejada, toda mi esencia, todo mi ser, estaban dentro de él. Lo veía y me veía a mí al mismo tiempo, como si fuera un espejo…ahí estaba yo.
Fue una revelación tan fugaz, tan clara y precisa pero al mismo tiempo tan indescriptible, que pude entender perfectamente las palabras que el padre Chucho nos había dicho. El amar profundamente, es verse reflejado en el otro, formas parte de su vida, de su ser y su existencia.
Ese día no le dije nada a mi marido, me quedé con esa imagen tratando de asimilar lo que había experimentado.
Han pasado ya 18 años desde que nos casamos y jamás he vuelto a tener esa misma experiencia. Me imagino que son cosas que te han de pasar una vez en la vida, no lo sé.
Pero lo que sí sé, es que el matrimonio está lleno de matices. Y ya depende de cada quién, cómo lo vaya coloreando. Podemos darle retoques y una que otra vez utilizar la brocha gorda. El chiste es no quedarse estancado en los tonos grises, esos no te dan la felicidad.
Y sí…así fue. Desde lo más profundo me vi reflejada y me comprendí bien amada. Y aunque no todo es miel sobre rosas, el saber que tienes bases sólidas y fuertes te hacen ser una mejor persona para tu pareja. Te hacen luchar y rescatar todo aquello que algún día se creyera perdido.
11 años
DESDE LO MÁS PROFUNDO
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