No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 11 años

LOS MEJORES TIEMPOS

    Más o menos con una semana de anticipación, mi mamá empezaba a prepararlo todo. Compraba decoración, banderitas y cornetas para la fiesta mexicana. Con papel crepé hacíamos cadenas muy largas para colgarlas por toda la casa y sacaba su vajilla de barro y la de stoneware para la gran cena del 15 de septiembre.

     A la gran fiesta, acudían la familia, los compadres, amigos, vecinos, compañeros de la escuela y todos los que gustaran ir. Y aunque mi mamá se ocupara de poner mil cosas, la fiesta era de traje. Por familia se traían guisos, los cuales eran compartidos con todos y una gran variedad de platillos y colores revestía toda la casa. 

     De entre las cosas que nosotros nos ocupábamos de poner eran los bitroleros, con aguas frescas de limón, horchata y jamaica, también esa Tinga tan deliciosa que mi mamá me enseñó hacer y frijoles refritos que por supuesto no podían faltar para la cena.

     Todos con sus trajes típicos, la casa llena de invitados, la música de mariachi, huapangos y regionales, hacían de esa fiesta, la mejor que en casa de mis papás se ofrecíera cada año. Cualquiera diría que fueron las mejores fiestas del 15 que hayamos pasado. 

     Pero seríamos ingratos al decir que fueron los mejores tiempos de nuestra vida, porque siempre hay nuevos y mejores tiempos. Como aquella gran comilona, que hacían en México mis papás en la casa de Tepepan con tantísimos parientes. Se mandaba matar un borrego y hacían barbacoa de pozo, nomás con eso les digo todo.

     Hemos tenido grandes eventos en nuestra vida, que no podríamos calificar, como el mejor de los tiempos a alguno de ellos. Podrán ser buenos momentos, pero no el mejor de todos. 

     Vivimos en la añoranza de tiempos pasados, de días de gloria, en donde la abundancia y la felicidad, parecen un tiempo lejano.

“Qué días aquellos” dirán algunos, en donde todo era mejor, la vida más feliz, sin tantas preocupaciones, sin tanta violencia, en donde los niños jugaban libremente. Ahora la tecnología los ha atrapado, decimos, se han atontado y no pueden hacer otra cosa más que estar frente a un monitor…tal vez si. 

     Pero mis propios hijos me han demostrado, que gracias a que los hemos hecho partícipes en cosas de la familia, del hogar y de nuestros planes, ellos han sabido disfrutar junto con nosotros, de estos nuevos días de gloria. Siendo unos adolescentes, nos piden esas navidades y fin de año que les son inolvidables. Porque para ellos, son sus mejores tiempos y no pueden compararlos con los nuestros, porque jamás los vivieron. Nos piden los disfraces de Halloween, la decoración de Navidad, la gran elotiza tan esperada de toda la familia y desde ahora, el campamento con sus amigos, aquí en el bosque donde vivo. 

    No podemos decir, que “nuestros tiempos” fueron los mejores, porque seriamos ingratos. Qué bueno que los recordemos con agrado y con tanto cariño, pero démosle a estos tiempos, la oportunidad de ser buenos y de los mejores, los cuales en un futuro no muy lejano, ya los estaremos calificando, como “los mejores de nuestros tiempos”.

     Y sí…así fue. Date la oportunidad de crear buenos momentos, en donde tus hijos y tus seres queridos jamás puedan olvidar. No necesitas de nada extraordinario para crear algo fantástico, sólo necesitas de ese ánimo y buen humor…para dejar huella.

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