-¿Pero qué es lo que te pasa?. Pregunta la razón.
-No lo sé, son muchas cosas. Contesta el pensamiento.
-Has estado dándole vueltas a cosas sin importancia. Recalca la razón.
-Pues sí, muchas de ellas, son tonterías, cosas que debería de dejar pasar. Contesta afligido el pensamiento.
-No pierdas tiempo, ni desgastes tu energía en cosas que no valen la pena. Sé que es difícil “dejar pasar”, pero entre más pienses en situaciones complicadas, menos vas a avanzar. No con esto te estoy diciendo que no afrontes tus problemas o situaciones, quiero decirte que le des a cada una de las cosas, el verdadero valor e importancia que requiere, no más. Y después de ahí, dejar pasar.
-Entiendo, sólo es que hay veces, que tus impulsos y tus sentimientos te ganan, y no te dejan pensar tan claramente. Hacen que te enganches con las cosas y aunque parezca tonto decirlo, muchas veces es difícil soltarlas.
-No te preocupes, -Dijo la razón. No estarás solo por el camino de la vida, siempre habrá alguien a tu lado que quiera acompañarte, esa persona, sabrá cómo guiarte y con su razón más clara, podrá tranquilizar tus pensamientos. Sólo aprende a escuchar.
-Si…así es. Todo este tiempo he caminado acompañado, desde el principio de los tiempos ha habido personas a mi lado, gente que me quiere y que al ver mis flaquezas me ha extendido la mano para salir adelante. Pienso, que muchas veces el error que cometemos, es guardar nuestros pensamientos, archivarlos de manera equivocada, en donde la razón está algo distorsionada. El pensamiento no ve sus errores por sí mismo y es necesaria la razón o la razón de otros para seguir por un buen camino.
-Tu lo has dicho pensamiento, necesitan de nosotros, pero no seas tan duro contigo, si la vida no fuera flexible, no tendríamos sueños ni ambiciones, no podríamos improvisar en la vida, ni mucho menos aspiraríamos a cosas mejores; necesitamos muchas veces, de esa decisión arrebatada que viene siendo la más correcta. Que si dejáramos a la razón intervenir demasiado, esas oportunidades las perderíamos.
-Si claro, demasiado soñador nos hemos visto muchas veces y si no fuera por eso, muy pocas propuestas le tendríamos a la razón para poder hacer cosas. Me gusta ser pensamiento, me gusta poder extender todos mis sueños de manera infinita, sólo que cuando estás acostumbrado a vivir una vida tranquila, las adversidades hacen que tus emociones se alteren y sinceramente no quiero acostumbrarme a eso.
Deja te cuento lo que pasó el otro día, algo que nunca me había pasado en la vida: fue que tuve un altercado con una señora cuando iba conduciendo, ella llevaba a su hija adolescente y yo traía a mi hijo más pequeño. Al ver el grado de testarudez de la persona, me bajé del auto y me dirigí al suyo para hacerla entrar en razón. Ella empezó a vociferar y con una sarta de maldiciones y señas me empezó a atacar. Yo también la agredí verbalmente aunque contuve mucho mis palabras, por mi mente pasaban muchas cosas “es peligroso, mi hijo está en el auto, tengo mucho que perder”. Tenía ganas de jalarla de las greñas, de realmente hacerle daño, mi cuerpo estaba tan lleno de furia que tenía miedo de no poder contenerme, aún así, mi razón fue más fuerte y dejé que esa vieja idiota se fuera. La verdad, lamento mucho que mi hijo haya visto lo peor de mi, porque más allá de una imagen, es el miedo que haya sentido en ese momento. Me disculpé con él, pero le dije que no me podía dejar pisotear por gente como esa.
Así que traté de dejar pasar ese incidente, pero no fue así, algo dentro de mí me carcomía, el sólo hecho de pensar que existe gente tan nefasta me enfermaba, no podía soltar aquel incidente, una y otra vez se me venía a la mente.
En eso mi esposo me dice que no me preocupe, que hay cosas más importantes que esa, y atenta a escuchar un acontecimiento sumamente grave de una persona conocida de él, mis pensamientos entonces, se fueron desapareciendo.
Y sí…así fue. La razón y nuestro pensamiento, harán de nuestra vida toda una obra de arte, tan llena de matices y borrones, para así mejorar, el color de nuestra existencia.