¡Ohh Sii!, es precisamente lo que yo me pregunto. Esto de las visitas, las pachangas, las posadas, reuniones y juntaciones, es todo un acontecimiento.
Y todo va ocurriendo como que por etapas: primero, las preposadas y posadas con los cuates, los compadres y los amigos del alma; luego, las juntaciones con la familia que llega de fuera a pasar la Navidad, que si las compras de pánico con los regalos, que si la paseadita con la familia, las salidas a comer y por fin!, la cena de Navidad. Le seguimos con el recalentado, las últimas visitas y luego, todo mundo se empieza a desplazar nuevamente, a visitar a la otra familia; que si la maleta, los regalos que faltaron, que si la comida de los perros para que tengan en esos días que uno se va, que si subir las chivas al auto y cargar hasta con el perico, apagar luces, cerrar todo, comer tacos en el camino y pasar al OXXO.
Entonces ahora, nosotros somos la visita, y nos la pasamos con reus de la primaria, la secu y la prepa, reviviendo glorias pasadas, poniéndonos al día y reconociendo gente.
Y si es que tu ciudad donde creciste es más chica, nunca falta que en el súper, la tienda, la calle, en el café o por donde andes, te encuentres con gente conocida. Así que nunca salgas en fachas eh?, porque no sabes con quién te puedas encontrar.
Y como todo te trae recuerdos, empiezas a acudir a tus lugares favoritos, algunos los han cerrado, otros se han deteriorado, pero algunos siguen en pie, por los años y los años.
Nos convertimos en visita y estamos a expensas de los espacios disponibles. Si bien te va, te toca cuarto y cama, si no, ya te estará tocando sillón, en la sala o en colchón inflable. Las toallas suelen convertirse en un ligero problema, te dan una y terminas con otra, supuestamente cada quien tiene la suya, y por más distintas que nos las den, venimos olvidando el color de la que nos tocaba y así los demás se quedan sin toalla y es un cuento de nunca acabar. En fin.
La hora del baño, puede ser ligeramente caótica, ya que por lo general, cuando varios se bañan al mismo tiempo, alguien se queda sin agua caliente, o en el peor de los escenarios, sin agua. Eso me pasó a mi, estuve a punto de cometer un bañicidio, primero, no tenía agua caliente, así que esperé y esperé, luego, ya que se había calentado el boiler y yo estaba toda enjabonada, zaz!, que se acaba el agua, tal vez un chorrito me hubiera salvado, pero nop, ya no subía agua. Tenía ganas de gritar “¡Están jalando aguaaaa!”, pero mi decencia, mi educación y toda mi elegancia no lo permitió, Jaj.
Así que educadamente le llamé a uno de mis hijos para que fuera allá abajo a ver el asunto del agua.
Otro de los acontecimientos revividos en esta Navidad, fueron el escuchar de nuevo al del carretón, pasando por la calle con su caballo y el altavoz, también el de la basura y el del agua. Pero el que me sorprendió más, fue el de la tambora, justo el 1 de enero, cuando todo mundo estaba bien cuajado todavía, éste hombre pasa con su tambora tocando la de Tampico Hermoso a todo lo que daba, por Dios!.
También tuve la oportunidad de visitar mi vieja casa sin techo, la vi más vieja, más chica y más incomoda; la verdad, no sé cómo pude vivir ahí los primeros años de casada…en fin.
Y sí…así fue. Que la vida pasa volando, las navidades llegan casi sin darnos cuenta, los hijos crecen como si los estuvieran correteando y así un año más se ha pasado. Mientras tanto, buscaremos nuevos pretextos para poder seguir festejando, Ohh Sii.