No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 10 años

EL QUE ESPERA DESESPERA

     Eso es lo que siempre me decía mi mamá, pero lo que nunca me dijo, era que: si desesperaba más al de al lado o a uno mismo.

     Yo creo que ya depende del grado de paciencia de cada quien.

     Cuando mis hijos eran chiquitos, al que siempre le tocaba esperar, era al más pequeño, ya que a todas las clases, citas, consultas y demás de mi hijo mayor, era él, el que tenía que esperar. Así que siempre le llevaba una mochila con un montón de cosas para entretenerlo. Recuerdo cargar con megablocks, masitas play dooh, carritos, rompecabezas, gises de colores, cuentitos, dinosaurios, etc, etc. 

     También, tupers con galletitas, fruta, leche, juguitos, y ropa extra.

     Todo un cargamento para entretener al chamaco, mientras el hermanito salía. Pero había veces, que el tiempo de espera excedía los límites de los escuincles y ya ni el juguetito, el dulce o la galletita eran suficientes, así que uno de los últimos recursos, era salir a caminar. 

     Peeeero, por lo visto, los hombres son más prácticos…o menos astutos, ya que ellos no cargan con tanta cosa, y como si no les importara o no se dieran cuenta, salen sin juguetes, sin juguito o algo que pueda comer el chamaco. Y aunque el tiempo de espera es el mismo, digamos que ellos no están muy al pendiente de sus querubines, si el niño ya agotó todos sus recursos de entretenimiento personal, tendrá de dos opciones: una, jugar con las cortinas, la maceta, el mueble o las cosas que haya a su alcance, cosa que al papá no le va a importar en lo más mínimo, porque va a estar pegado a su teléfono como para darse cuenta; la otra, es ponerse de necio y en casos extremos, a llorar. En ese momento el papá le comprará la paleta, la nieve o las papas que encuentre por ahí cerca, o más fácil, le prestará su celular para entretener a la fiera. 

     Digamos, que se necesita estar preparado psicológicamente, para poder esperar un buen rato en cualquier lado: en una fila, el banco, el doctor, un trámite, que te arreglen el coche, la peluquería, un vuelo retrasado, en fin, todo lo que sea esperar. Porque de nada sirve el desesperarse, empiezas a crear una especie de histeria colectiva, en donde los acompañantes son los más afectados. Y si es que estás solo, arrinuarás tu día al ponerte de mal humor y terminarás yéndote sin obtener lo que querías. Eso fue lo que le pasó a una señora que estaba cerca de mí en el banco; para pasar con el cajero era por número, pero al parecer estaban intercalando clientes, con gente que iba a hacer un trámite, así que el tiempo de espera era mucho y por supuesto que esta señora se desesperó y se puso de guardia frente al cajero, pero por más presión que hacía, en ningún momento la pasaban. A final de cuentas no pudo hacer lo que quería y mandó todo al carámbas y se fue. Yo también me estaba desesperando, pero tuve que mantener la calma. 

     Recuerdo que un día, tuvimos que esperar formados por casi cinco horas, para sacar un permiso de internación. Lo más curioso fue, que a pesar de ser tantas horas y de estar parados mi esposo, mis hijos y yo, no hubo momentos críticos de desesperación. Ya íbamos completamente programados para esperar tanto tiempo, así que las horas, fueron llevaderas.

     Y sí…así fue. El que espera desespera y por eso, hay que tener válvulas de escape y poder utilizar ese tiempo perdido de la mejor manera; así como yo aquí, que estoy esperando a que le corten el cabello a mi hijo, en fin.

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