No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 10 años

Y VUELVE LA MULA AL TRIGO

-¿Sigues?.
-¡Pero si yo no he dicho nada!.
-Pus por eso.
-Digamos, que sólo es una especie de lapsus brutus.
-Si, ya me di cuenta.
Menuda conversación tenían la razón y el pensamiento nuevamente.
Había pasado ya un tiempo desde la última vez, donde la razón trataba de terapear al pensamiento.
Pero gran sorpresa se llevó la razón, al darse cuenta, que sin el pensamiento, ella sola no podría existir.
Una, es toda dulzura, toda ilusión y fantasía, tan llena de sentimientos, que le es difícil elegir por sí sola lo correcto. La otra, es toda estructura y orden, todo rígido y cuadrado, que también necesita de ayuda para ser un poco más flexible.
Gran batalla interna tenemos cada día, tratando de elegir siempre lo correcto.
Ya depende de cada quién, el grado de éxito o fracaso que decida en su vida. Y a pesar de que veamos al de al lado cajetearla continuamente, muchas veces no podemos hacer nada para que eso cambie. Eso era algo de lo que siempre me había preguntado, “¿Porqué a veces no cambiamos?, ¿Porqué seguimos metidos en lo mismo?, ¿Porqué no podemos realizarnos en algo mejor?”. Ah, porque visualizarnos si podemos, pero de eso, a que lo hagamos, ya es muy diferente.
Digamos que constantemente, nos la pasamos construyendo un monumento a la taradéz, en donde cada día es más grande, según nuestras cortas expectativas.
Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos estado en una situación semejante. Algunos, han reaccionado y reestructurado su vida; otros, han seguido igual.
¿Pero porqué?, porqué tiene que ser así.
Es tu zona de confort, eso fue lo que me dijo mi hijo.
Hubieran visto mi cara, al escuchar atentamente lo que mi hijo me decía, de una clase en su escuela. Llegó un día y me platicó el tema que vieron. “La zona de confort”.
Yo siempre había creído, que al hablar de eso, se referían a esa zona donde tú estás bien y te sientes bien. Pero resulta, que no siempre es así, si no que también puede ser, aquella situación o lugar en donde vivas, y que no es de tu agrado, pero que a final de cuentas resulte ser tu zona de confort. Y no sales de ahí.
Puedes aguantar, días, meses y años, con tu mal humor, con los mismos reclamos de tu pareja por dinero, por tu ineptitud, por tu falta de no sé qué, así como también, lo que es tu trabajo, donde vives, tus chambas a medias, tu pérdida de tiempo, el tipo que siempre te molesta, las burlas que te hacen, todo eso y mucho más, es tu zona de confort.
-¡Ya vez!, ¡te lo dije!.
-Pero si ya me estaba dando así como que cuenta.
-Pues sí, pero nomás te la pasas pensando y no haces nada!.
-Pus, es que a veces, como que no me decido.
-Y por eso siempre estás en las mismas, claro.
Y sí…así fue. Que aunque muchas veces parezca que vuelve la mula al trigo, hemos de reconocer, que ya estamos cambiando. Un nuevo despertar en esa conciencia confusa ha habido, y aquello a lo que se le llama desconocido, ya no nos aterra tanto.

Some HTML is OK