Acá donde vivo, uno tiene que aprender a tomarse las cosas con más tranquilidad.
Mi casa, está a las afueras de Monterrey, en un pueblo que se llama El Barrial y por lo visto, aquí nadie tiene prisa. Vemos a los vaqueros pasearse tranquilamente con sus caballos, y como las calles son angostas, muchas veces nos tenemos que esperar, a que se hagan más a la orilla para poder pasar.
Un día, tenía una prisa del demonio y me topé con un gran grupo de vaqueros, que ocupaban toda la calle con sus caballos, no quise pitarles porque se veían bien a gusto paseando, y yo nomás pensaba por dentro, “no me van a creer en la escuela, que llegué tarde a la junta por culpa de unos caballos”.
Así que aquí, uno debe de tomarse su tiempo para poder salir del pueblo. Tráfico, no lo hay, pero que no vaya un viejillo delante nuestro, porque ya nos amolamos.
Mis hijos, luego se desesperan, y dicen “¡pero qué les pasa!”, y yo les digo que ellos no traen prisa, nosotros si. Así que lo que hay que hacer, es salir más temprano.
Vivimos en una sociedad donde el tiempo es oro y por lo general, nuestra vida corre más a prisa.
Y por supuesto, todos los que radicamos en las grandes ciudades, sabemos lo que es la velocidad.
Justo en el momento en el que salgo del pueblo y me incorporo a lo que es carretera nacional para ir a Monterrey, uno se transforma, y ya no podemos andar con lentitudes. Los sentidos se agudizan, sujetas más fuerte el volante y te disparas para ser parte de esa carrera a alta velocidad, a la que todos vienen.
Es entonces, en donde mi vocabulario se limita a tres palabras: zoquete, tarado y baboso.
Eso es todo lo que les digo a los que no me dejan pasar. Porque hay demasiados zoquetes, que no saben que el carril izquierdo es de alta velocidad. Así que cuando logro rebasarlos les digo…ZOQUETEEEEE!!.
A los que no saben incorporarse a los carriles, se me atraviesan sin fijarse o están a punto de pegarme, les digo…Ahhh BABOSOO!!.
Y a los que no te dan el paso, o son demasiado gañanes, les digo…TARADO!!.
Así que mi reducido léxico, se vuelve un poco folklórico cuando voy al volante.
Y luego me dice mi hijo, “ay mami, a medio mundo le dices tarado, zoquete y baboso, como si te oyeran”. Pues si, es algo así como estarle gritando al de la tele, porque no marcó bien la jugada…en fin.
La verdad prefiero eso, a estar tratando de alcanzar al que me rebasó o pitarle al que se me cerró y mucho menos, engancharme con el asunto y enojarme por las tarugadas que hacen los otros.
Para mis hijos, les es gracioso el estar viendo los adjetivos calificativos, que les pongo a todo aquel que se atraviesa a mi paso. Y más cuando voy platicando con ellos y de repente grito ¡ZOQUETE!. Es como estar tratando de entender, una plática con cierto grado de dificultad, digamos algo así, como los que padecen el síndrome de Tourette, nunca sabes cuándo te van a gritar.
Y sí…así fue. Que todo esto me recuerda a Archibaldo, el de Plaza Sésamo, con aquello que nos enseñaba de: cerca – lejos, arriba – abajo – a través, alrededor alrededor alrededor alrededor. He aprendido claramente lo que es rápido – lento, así como también el formar oraciones con adjetivos calificativos: “El señor está tarado”.
Gran aprendizaje he tenido de mi amigo Archibaldo, Ohh Sii.