De vez en cuando…a veces…bueno, casi siempre!.
Y no es tanto que se me trabe la lengua, sino que, cambio una palabra por otra. Les ha pasado?, yo creo que si, y más porque luego uno anda pensando en cosas y sin querer las decimos.
Según mi hijo más pequeño, dice que son ocurrencias mías y por lo visto, le es gracioso el estarlas escuchando. Pero cuando uno quiere tener una conversación bien hilada, a veces es difícil.
Y más cuando estoy con mis hermanos. Vivimos lejos, así que cada vez que tenemos la oportunidad de estar juntos, tengo graves problemas para poder llamarles a cada quien por su nombre. Se me revuelven junto con los de mis hijos y mi esposo, así que ya sabrán cómo me tengo que comunicar con ellos.
-¡OYE TÚ, COMO TE LLAMES!
Es en serio, les cambio los nombres constantemente y a veces les digo por tres diferentes y aún así ni le atino.
Creo que esto viene de familia, ya que mi abuelito Geño, también batallaba con los nombres de sus nietos, éramos muchos, así que optaba por decirnos “Chato”, a mí no, ni a mis primas, ya que fuimos muy pocas mujeres.
Con lo que sí me la he bañado re gacho, es con mis perros y mis hijos…que buéh!, todos son mis hijos, pero de eso a confundirlos de nombre, ya es demasiado.
Eso de decirle a mi perro “¡Sentado Alex!” y que mi hijo lo oiga, creo que es algo entre gracioso y penoso.
¡Te pasas!, dice mi hijo. Pero con eso de que mi papá, siempre dice que sus nietos tienen cara de perro, tal vez por eso la confusión.
A uno de mis hermanos, muy seguido se le traba la lengua y luego anda tartamudeando. A mi abuelita le costaba trabajo pronunciar algunas palabras o de plano las decía como ella quería, “Voy al Chibi”, en vez de al HEB. A mi hijo menor, si no sabe aplicar bien la palabra, la inventa, “Mami, me senté chueco, cuándo se me va a desdormir la pierna?”. Utiliza palabras mil veces más difíciles, que las que tuviera que decir y que ni siquiera son fáciles de pronunciar.
Tal vez por eso, se le hizo fácil presentar un trabalenguas que le pidieron en la escuela. La tarea era: hacer un trabalenguas. Y por supuesto, muchos niños solo copiaron y pegaron su tarea. Aquí fue distinto, todo salió de nuestro ronco pecho (porque yo también ayudé), y sacamos un 10 de calificación Ohh Sii!.
EL COCHE DE CHUCHO
Chucho chocaba su coche
chillando chidas sus llantas,
chancleando chueco cachaba
cachuchas que muchachos echaban.
Chicos chaparros y rechonchos
chupaban chupirules con chamoy y chile que manchaban chalecos y chamarras.
Ehhhhh, qué tal?. Alguna gracia debía de tener, y esto de las letras, como que a veces se me da.
Un día, regresábamos a la casa, y para llegar a ella, hay que pasar por una quinta donde tienen caballerizas, y le digo a mi hijo…”Mira, el perro papadón”. Yo no sé de dónde rayos saqué que era un perro, era un cerdo de esos tipo jabalíes y si estaba panzón y papadón. Luego, después de unos días, nos vamos dando cuenta de que sí había un perro panzón y papadón, era un bulldog blanco, que de seguro me confundió.
Y sí…así fue. Que ya no sé, si es el subconsciente o qué, pero algo, al momento de hablar nos traiciona, enreda las palabras, combina las ideas, dice tarugadas y confunde a la gente…en fin.