No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 10 años

VUELTA Y VUELTA

     Menudos días los que tuve la semana pasada, y más, cuando hay hijos adolescentes, tienes que saber organizar bien tus tiempos con el de ellos; sus actividades y compromisos son igual de importantes que los tuyos, y mientras no manejen todavía, uno es el que los lleva y los trae a todos lados. 

     Mis recorridos, son muy grandes y aunque mi marido me echa la mano cada vez que puede, el título de chofer nadie me lo quita.

     Vuelta y vuelta siempre ando, pero ahora resulta, que también me la pasé dando de vueltas por mis perros y mi gato. 

     No puedo creer que esté gastando más en ellos que en mis propios hijos, que si la vacuna, que si el baño, que si cómprale otra vez el collar porque ya lo perdió, que si la placa se le extravío, que si salte corriendo porque algo les pasó…seee, el otro día salimos casi a media noche por un chico sustote que nos pegó el gato, creíamos que había perdido un ojo en una pelea y ahí vamos echa la raya con un veterinario. Nos salió lumbreeee! la dichosa consulta y todo para que nos dijeran: pues si…efectivamente, se peleó y perdió. Mecáchis!, méndigo gato!, y todo por andar de cusco con las gatas. Pero no se asusten, lo único que perdió fue el orgullo más no el ojo.

     Tiempo después, como ya le urgían sus vacunas al gato, ahí voy al veterinario. Platicamos y le externé  mi inquietud al doctor, de querer esterilizarlo, y me dice: pues, es más importante castrarlo ahorita que ponerle las vacunas, así ya no se estará peleando. 

     ¡Pepepepero si yo nomas iba a vacunarlo!. Y zaz! Que se queda el gato, y sin decirle agua va, se metieron con sus joyitas. Pobre gato, me lo entregaron en la noche todo borracho y con las pompas rapadas. Y ahí voy a la casa con un herido, llego, y resulta que mi esposo llegaba de viaje, todo aporreado y con un calenturón de miedo, y ahí vamos a la clínica de volada. Puro incapacitado en casa, enfermos y mallugados tuvimos esa noche.

     Al día siguiente, tenía más cosas que hacer y más vueltas que dar, y una de ellas, era llevar a los perros a bañar. Nunca lo hago, pero mi esposo compró un cupón para un spa de perros, háganme el favor!. Así que ahí voy con los perros trepados en la camioneta, para llevarlos hasta allá en casuchi al dichoso spa para perros. 

     Luna, que es mi perra, está acostumbrada a viajar amarrada en la camioneta, pero el Roger, que es un cachorro golden, nunca se había subido. Aquellos iban felices, como todo perro que se asoma, ve para todos lados y saca la lengua. Su emoción era mucha, pero su ansiedad se desató, cuando fuimos a dejar primero a mi hijo a la prepa. Se pusieron como locos al ver que mi hijo se iba, ladraban y brincoteaban como diciéndole “¡no te vayas!”. Y buéh!, todo ese ímpetu se acabó, hasta que al alejarme de la escuela, de pronto vi pasar una bola de pelos por el retrovisor. ¡El Roger se había aventado!.

     La verdad no sé que fue peor: si el haberme quedado a la mitad de la calle y obstruir el tráfico, o la pena de tener que bajar corriendo y trepar nuevamente a mi perro que había quedado colgando.

     El caso es, que los llevé a su fabuloso spa y más allá de ver que quedaron limpios y perfumados, quedaron esponjados como la Pantera Rosa, cuando salía de la secadora. ¿¡Qué les pasó!?, fue lo primero que les dije, traían un peinado tipo afro bastante chistoso. 

     Y si…así fue. Que tupiditos tenemos a veces los días, tan llenos de compromisos y pendientes, que hacen que la semana, sea tan pletórica de emociones. En fin.

“En memoria de Hugo Mario Gonzalez Castañeda (2005-2016)”

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