No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 10 años

OHH SORPRESA!

Desde que nos casamos, el sueño dorado de mi marido, era tener un taller en la casa para sus chambitas, ya saben, para poder arreglar y hacer alguna que otra mejora para la casa.
Así que desde un principio, se fue haciendo de su propia herramienta y poco a poco fue acumulando equipo y material, que tal pareciera que tuviera una ferretería en casa.
Pero su gran sueño todavía no se hacía realidad, tenía equipo, material y accesorios, pero lo que no tenía, era un espacio para su taller. Así que como podía, se acomodaba en el patio y ponía todo su tenderete.
Siempre me decía: “un día voy a tener mi taller, donde pueda trabajar a gusto sin tener que preocuparme por los vecinos”. Ohh Sii!, porque los martillazos a las dos de la mañana, a nadie le agradaban.
Y es que eso de sacar el estrés a altas horas de la noche, como que no era muy conveniente.
Pero se llegó el día, en donde pudimos construir nuestra propia casa con techo y peroperopero que por supuesto!, mi marido, mandó hacer su taller allá alejado de todo y donde puede dar de martillazos a gusto.
Quedó en una especie de sótano que da al patio trasero, con dos ventanas grandes y una puerta de metal de dos hojas, para poder meter y sacar cosas voluminosas.
Y como a mi marido le reencanta la herramienta, en el transcurso de estos años, le hemos regalado alguna que otra cosilla en sus cumples y así.
Entonsss, ahora que fue su cumple, ahí andaba vuelta loca pensando en qué regalarle.
Quería algo chido, padre, útil, versátil, practico y sobretodo, de acuerdo a mis posibilidades.
Así que, días antes, estando en Tampico, le dije a uno de mis hermanos, que me acompañara al Home Depot para ver qué encontrábamos. Recorrimos tooooda la tienda, inspeccionamos cuanto mugrerito tuviéramos en frente, vimos cosas fabulosas, pero muchas de ellas ya las tenía. Total, que vamos encontrando un aparatejo súper waww y súper sensacional, con aditamentos y toda la cosa. La verdad, no supe bien para qué era, pero el encargado de ahí, dijo que era una buena compra.
Y pues llegando a Monterrey, le dije a mi hijo, “saliendo de la escuela, vamos por el regalo de tu papi”, al fin que ya traía el modelo del aparatejo ese.
Llegamos a la tienda y nos fuimos directito a buscarlo. ¡Mira Alex, es este!, le dije, se le queda viendo un poco dudoso y me dice, ¿no tiene ya uno de esos?. No, no creo, yo seguía emocionada porque tenía accesorios y una cosa expansible, que lo hacía más chidín. Lo compramos y nos fuimos bien contentos, por tan fabuloso regalo.
Al día siguiente, muy temprano, despertamos a mi marido con las mañanitas de Cepillín, le dimos su abrazo y muy emocionados le dijimos que cerrara los ojos, extendió las manos y ¡Sorpresa!.
Graaaacias…ahora sí que me sorprendiste, porque ya tengo uno de estos.
Mecáchis!, y lo peor de todo, es que el anterior YO sé lo había regalado!. Unos años antes claro, pero fui yo. Con razón lo vi muy padre, pues está muy completo y dije: “yo creo que le ha de servir mucho”. Seee claro, tanto que ya tenía uno igualito!.
En fin, creo que no soy la única a la que le ha pasado esto, pero no digo a quién, porque si no, el señor editor ya no me hace la chamba.
Y si…así fue. Que la sorprendida fui yo; pero lo que me queda bien en claro, es que soy de gustos firmes y decididos…o no?.

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