Hace algún tiempo, había escuchado algo por ahí, que se me quedó muy presente. Decía que cuando comas, come, cuando duermas, duerme y cuando trabajes, trabaja. Digo…cualquiera puede hacer eso, claro. Tal pareciera que es algo muy tonto o demasiado obvio. Pero si te pones a pensar y a ser verdaderamente sensato, cuántas veces hacemos realmente eso?. Comemos, pensando en los pendientes que tenemos, trabajamos, acomodando nuestra vida, dormimos, con un sinnúmero de preocupaciones que a final de cuentas, no nos dejan dormir.
Entonces, ¿cuándo comeremos de a deveras para poder disfrutar de nuestra comida?, sin pensar en las cuentas que pagar, sin estar contestando cuanto mensaje nos llegue, ni tampoco en lo que vamos a hacer, en lo que resta del día. Vivimos apurados por lo que viene después, sin darnos cuenta, que estamos perdiendo el ahora.
Parece nada, pero lo es todo. No ponemos atención a lo que nos rodea y peor aún, a quien nos rodea. En especial a nuestros hijos. Es triste el no darse cuenta, que un simple teléfono, puede romper con toda la convivencia con ellos. El “te escucho, tú sígueme platicando” y que no aparten la vista del teléfono, es hiperodioso y de una falta de respeto tremenda. Si la información que te están mandando es importante, dile a la persona que tienes en frente, que te permita tantito. Si no es así, DEJA TU TELÉFONO Y ATIENDE.
Estamos saturados de información; tanta, que no nos deja pensar con claridad. Queremos resolverlo todo de manera simultánea, vivimos angustiados, porque no le vemos fondo a nuestros problemas y lo que es peor aún, pensamos, que no podemos encontrar una buena solución.
Calma…fue lo que me dijo un maestro, deja de pensar, relaja tu mente y concéntrate en lo que estás haciendo, no más. Si estás haciendo la comida, hazlo y nada más. No dejes que tu mente vuele con tan múltiples problemas que tengas, porque no podrás hacer bien lo que estás haciendo y mucho menos, podrás resolver lo que tienes pendiente.
Es curioso, pero entre más calma haya en tu vida, más fácil podrás resolver tus pendientes.
Es mentira eso de: “consúltalo con la almohada”. La noche, es para dormir y descansar completamente, no para ponerte a pensar en todos los pendientes que tienes.
Como sabrán, a mí me gusta mucho el gimnasio y todo eso para mí se ha vuelto una parte lúdica e importante en mi vida, pero tiempo atrás, empecé a dejar de entrenar correctamente, mis rutinas se hacían más cortas y mis tiempos empezaban a pesarme, los treinta minutos de cardio, los fui reduciendo a veinte o quince, constantemente veía el reloj implorando que ya se terminara el tiempo y así mi entrenamiento se me hacía eterno. Estaba dispersa, mi mente brincaba de un pensamiento a otro y no lograba entrenar bien. Continuamente pensaba: “cuando salga de aquí voy a hacer esto y el otro”.
Pero dije: calma…disfruta tu momento, sácale jugo a lo que estás haciendo, deja de mirar el reloj y concéntrate en cada movimiento que hagas, sigue el ritmo de la música y deja que ella marque la pauta en la intensidad de tus ejercicios.
Así, mis entrenamientos mejoraron, el esfuerzo y la dedicación, valieron la pena al empezar a verse resultados y lo que es mejor aún, al obtener ese grado de concentración, logré apaciguar en gran medida mis pensamientos.
Y sí…así fue. Que al tener tus pensamientos tranquilos, te hacen ver con más claridad lo que tienes en frente para poder tomar una decisión correcta. Así que mientras tanto, disfruta tu comida, disfruta tu bebida, la compañía de otros, el descanso que tengas o lo que estés haciendo. Ten calma y lo demás sólo se dará.