No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 10 años

EL REGRESO SIN FIN

     Eso de las despedidas y las partidas, como que a nadie le gusta. Pero resulta, que nuestro viaje gastronómico a México ésta Semana Santa, había llegado a su fin. 

     Nos levantamos no tan temprano y fuimos por última vez a Coyoacán a almorzar. No queríamos regresarnos todavía, el día estaba divino y había tipo mercado en las calles. Los ojos se nos iban con tantas cosas que habían, era sábado y mucha gente acudía al lugar para tomar un buen café o una rica nieve.

     Nos fuimos, e hicimos escala en San Luis Potosí, dormimos ahí y al día siguiente, nuestro destino era Monterrey. 

     Traíamos un ligero cargamento de fresas de la carretera, chicharrón de Xochimilco, tostadas, sándwiches, jugos y lo que se nos fuera agregando por el camino. 

     Nos venimos por la carretera a Saltillo y llevando un buen tiempo, en una ligera curva, había un federal, avisando para que le bajáramos a la velocidad. 

     Ohh Dios!, desde ahí y la siguiente hora y media nos fuimos a-vuelta-de-rueda. La primera hora fue llevadera, que es cuando aprovechas para limarte las uñas y poner atención a cuanta imperfección veas en ellas. Por la radio, escuchas estaciones extrañas, que hacen que tu cultura radiofónica aumente, aunque tú no lo quieras. Observas detenidamente el paisaje y te das cuenta que vas muy, pero muuuuy lento. 

     Una fila enorme y casi infinita de carros, había frente a nosotros. Y otra más, detrás nuestro. Éramos el continuose del empezóse y por más que avanzábamos no le veíamos el fin. 

     Si hubiéramos tenido señal de internet, podríamos haber sabido qué pasaba más adelante, pero no!, no teníamos nada, ni señal, ni comunicación, ni nada. 

     Y tratando de ser un poco más astutos, nos paramos en un restaurantucho, el veintiúnico que había por ahí y fuimos al baño. Sobre la carretera no había nada!, ni gasolinera, ni parador ni nada. Así que ese polvoriento lugar, era nuestra mejor opción. No sabíamos cuánto faltaba, pero por si las moscas, pedimos dos ordenes de taquitos con huevo para el camino. Y viendo cómo estaban las cosas, le preguntamos a una chava bigotona que trabajaba ahí, que qué era lo que pasaba. A pesar de no ser muy agraciada, era muy buen tipo y nos dijo que mejor tomáramos un atajo, para sacarle la vuelta a un punto de revisión, que tenían los federales unos diez kilómetros más adelante. Ese era el meollo del asunto!. Nos habíamos tardado hora y media en recorrer 5 km y todavía nos faltaban 10 más. Así que estábamos en un dilema: si seguir por donde mismo y tardarnos tres horas más, o tomar el atajo, que no conocíamos y acortar tiempo.

     La chica bigotona nos animó a tomar el atajo, diciendo que era seguriiiisimo, pero que íbamos a agarrar un poco de brecha nomás, vio nuestro coche y dijo…seee, si aguanta el camino. 

     Lo bueno es que dijo que era seguro y que íbamos a llegar faciliiiito, allá a casuchi a donde nos había mandado. 

     La tarde ya estaba cayendo y una brecha toda gacha y polvosa nos disque llevaba a nuestro destino. Todo iba bien, hasta que de repente el camino se separaba en dos. Sin señas, letreros ni nada. Decidíamos casi al tin marin. Así varias veces y luego, en medio de la nada y en un lugar desolado, por fin vimos señales de vida. Pedimos indicaciones y nos ayudaron a estar, no tan perdidos. Las brechas tomaban un rumbo extraño y empezamos a recorrer el camino como en grandes círculos. Hasta que en eso mi marido dijo…estamos en esos sembradíos en forma de círculos que se ven desde el avión. Estábamos perdidos en la nada!. En eso vimos unos caballos salvajes basureando en un terreno abandonado y una ligera preocupación pasó por mi mente. Ohh Dios!, tal parecía que ahí se había acabado el mundo. Y nosotros seguíamos sin señal, sin mapas ni nada. Unos minutos más tarde, por fin llegamos a la carretera, salimos más adelante del punto de revisión y a todos los que se habían quedado atrás inconscientemente les dijimos…¡Adiós, bola de losers!. 

     Ya habíamos cantado victoria, cuando unos kilómetros más adelante, antes de llegar a Saltillo, zaz!, otra vez se hizo el atorón. Me lleva!. Optamos por tomar otro “atajo”, pero ese si conocido y que nos sacaría por detrás de Cola de Caballo. 

     Me imagino que ha de haber estado espectacular el panorama sobre esa carretera, pero ya a esas horas de la noche, no veíamos nada. Con acantilados, cascadas, montañas, pinos…de seguro ha de haber estado muy bonito. Pero a obscuras, con las curvas cardiacas que había, el camino tan estrecho y después de oír por enésima vez el álbum de Queen de mi marido, lo que queríamos era llegar ya!. 

     Y sí…así fue. Que hasta un incendio vimos en la sierra de Santiago y después de 6 horas de retraso, nuestro regreso llegó a su fin. Y todavía mi marido nos dice…querían aventuras?. Pues vaya aventura que tuvimos ahora, Ohh Sii!.

Some HTML is OK