¿Alguna vez has dado vida?, ¿o has cuidado algo o a alguien?.
Cuando era chica, teníamos una casa muy grande, con un patio enorme que estaba junto a un pantano. Todo a nuestro alrededor era puro verdor: plantas, matas, hiervas, árboles, zacate, enredaderas…todo, era puro verdor…
También vivíamos rodeados de animales. El pantano que ahí teníamos, nos proveía de una muy basta fauna que nos hacía comprender más, lo que era la vida misma. Veíamos nacer, crecer y morirse a los animalitos. Y a muy temprana edad, supimos lo que era cuidar de alguien. De que si no lo atiendes, se enferma, de que si no lo alimentas, se muere, de que si no le das cariño, se entristece…
Ayudamos a dar vida a muchos de nuestros perritos en sus nacimientos. Comprendimos, que sólo los más fuertes eran los que sobrevivían y que a pesar de todos nuestros esfuerzos, no había nada que se interpusiera contra la ley de la selección de la vida.
Y bueno, en cuanto a sus cuidados, ellos mismos nos ayudaban, recordándonos que ya era hora de su comida. Toooodos, patos, gatos, conejos, canarios, gallinas, perros, todos nos pedían de comer siempre.
Pero había algo, en cuanto al reino de los seres vivos, que realmente no ponía mucha atención. Y eran las plantas, decía: “sí que padre, qué bonitas”, pero hasta ahí nomás. Mi mamá tenía muchísimas, pero nunca sentí esas ganas de por lo menos echarles agua. Me eran ligeramente intramusculares, algo así, como que no me importaban mucho puej, pa que me entiendan.
Veía a mi mamá que de repente saltaba corriendo a ver sus plantas, que porque no les había puesto agua, que si les llegaron las hormigas, que si se quemaron con el sol, que si se pusieron tristes.
Era demasiada su preocupación y a mí realmente ni me inmutaba. Para mí eran plantas y nomás.
Crecí con un cierto desinterés sobre de ellas, aunque sí podía apreciar lo bonito que eran.
Y así me casé, teniendo unas cuantas plantas, nomás para que no se viera muy pelón el patio. Tenía Crotos, Julietas y unas Mala madres. Prácticamente se cuidaban solas. Y como estaban en un buen lugar sin tanto sol, crecían ahora sí que como las matas.
Después de varios años, nos mudamos a Monterrey y llegamos a esa pequeña casa con techo. Teníamos dos árboles de Ficus, uno enorme y el otro pequeño, pero en un invierno que heló demasiado, se quemaron y la casa se quedó pelona. Sólo pegado a la barda, estaba una bugambilia muy grande, que era la que le daba color a nuestra fachada.
Siempre creí que no tenía mano para las plantitas, que lo que me dieran se secaba. Mi falta de conocimiento hacia ellas, hacía que mi desinterés fuera más grande. Hasta que un día, la muchacha que trabajaba conmigo, me llevó unos Romeos y los puso en un florero grande de vidrio, luego me llevó otros y otros. Veía cómo les dedicaba una pequeña parte de su tiempo a su cuidado, cosa que a mí me daba flojera, estaban muy bonitas, pero seguían siendo plantas y nomás.
Ahí, como que empecé a tomarles cariño. Luego nos mudamos a nuestra nueva casa con techo. Y a pesar de que vivimos rodeados de un bosque, a nuestra casa, le faltaba vida. Pero gracias a que, a mi esposo le gusta la jardinería, él me contagió por ese buen gusto.
Me di cuenta, de que las plantitas son la vida misma como todo ser vivo, que te piden de tu cariño y tus cuidados para poder ser lindas. Sin nosotros, ellas no podrían vivir, no pueden buscar solas su propia comida, a lo mucho, implorarían al cielo para que les dé un poco de agua, pero si no, se mueren. Algunas de ellas se aferran a la vida a pesar de que sus raíces puedan llegar a estar secas. Pero gran bofetada te demuestra la naturaleza, al enseñarte que todo puede resurgir así como mis pequeñas malqueridas, aquellas florecitas que ya daba por muertas.
Así, que me traje a mis Romeos, los puse en floreros grandes de vidrio y son los que le dan frescura a mi casa por dentro. Constantemente tienen hijitos y yo los voy repartiendo por toda la casa. Se ve que son felices y más feliz me hacen a mi.
Y sí…así fue. Que ahora, toda nuestra fachada, está llena de color con tanta plantita y florecitas. Pero lo que me da más gusto, es poder trasmitirles a mis hijos, ese amor y cariño por lo que la madre tierra nos da.