Los días, han estado muy nublados, lluviosos, con truenos y muy impredecibles; a veces Sol, a veces lluvia y así. Por lo menos acá en Monterrey así lo es.
Y cuándo los días están a rabiar, pedimos un poco de aire fresco, algo que nos de sombra. No queremos derretirnos ni quedar bombos con ese Sol infernal.
Los términos medios, más o menos se vienen dando para octubre, en donde el clima se vuelve muy agradable.
A pesar de todo eso, el clima en la mayor parte de México es muy llevadero. Tiene sus temporadas de lluvia, de Sol, de ciclones, de frío, de calor. Pero que yo sepa, en ningún lugar, el clima se vuelve un calvario. Posiblemente en algunas zonas montañosas, la lluvia sea casi perenne.
Recuerdo que uno de mis hermanos decía, que los días lluviosos lo deprimían. Y pues si, digamos que se vuelven muy nostálgicos, un poco grises, como si el cielo llorara durante un buen rato.
Estamos acostumbrados a ver el Sol todos los días, acostumbrados a poder salir a la calle sin ningún problema y no tener que estarse cuidando de no mojarse, que la lluvia, para nosotros, es algo incómodo.
Hace dos años, hubo una lluvia y una humedad extrema muy atípica aquí en Monterrey y no les miento, casi salían hongos sobre los hongos; el bosque donde vivo, se llenó de una plaga de caramuelas, esos gusanitos con patas que se multiplicaban de a miles, infestaron toda la casa!.
Las casas húmedas, la ropa hongueada, las filtraciones en las habitaciones, goteras por todos lados y mucha gente, en especial la de escasos recursos, lo perdieron todo o casi todo. Sus pocas pertenencias, muebles, colchones, ropa, zapatos, todo, se les echó a perder.
Y pensar, de que nos quejábamos por unos cuantos inconvenientes causados por la humedad, no nos dábamos cuenta de lo que otras personas padecían. Muchos, al alcance de nuestras posibilidades, mantuvimos al margen esa situación extrema, con deshumificadores eléctricos y recipientes para absorber la humedad. Otros, no pudieron hacer nada más que tirar sus pertenencias.
Y manteniendo un poco de calma, los días agradables se vinieron después. Fueron semanas enteras, en donde no se veía ni un rayito de Sol.
Pero si se dan cuenta, la falta de Sol, afecta mucho en nuestro estado de ánimo y sólo pienso en aquellos países en donde casi todo el año está lloviendo. No cabe duda de que somos muy afortunados.
Hace varios años, viajamos a Europa mi esposo y yo, y algo que me impactó muchísimo, fue que nuestro guía nos dijera, que en varias ciudades como en Londres, el índice de suicidios era altísimo y todo por la falta de Sol, la gente se deprime porque los días son grises eternamente y eso hace que sus emociones se vuelvan igual de grises. La tristeza invade sus vidas y muchos de ellos no pueden con eso.
Es por eso, que al haber un rayito de Sol, la gente sale a los parques y se tiran en el pasto para poder disfrutar de tan maravilloso regalo. Intentan broncear su piel pálida y poder tomar de toda esa energía que el Sol les da.
Así que trato de mantener una mejor actitud cuando los días se vuelven nublados y lluviosos. Siempre procuro recordar, aquello que vi en Londres y en Holanda, que a muchos, a pesar del clima, nada les impide salir y hacer sus compras, asistir a su trabajo, ir a la escuela, continuar con sus vidas y aunque huelan a ropa húmeda todo el tiempo, siguen con sus actividades a pesar de todo eso.
Y sí…así fue. Que aparte de un rico cafecito con algunas galletitas, se antoja tener una tarde de pelis en familia en esos días lluviosos. Veámosle pues, el lado amable.