Hemos de haber estado en secundaria tal vez, cuando ya nos empezábamos a mover solos. Nos íbamos, que a la tienda o a deportes caminando. Después, hubo la necesidad de tomar el camión o carro de ruta, si es que las distancias fueran más grandes y mis papás no nos pudieran llevar.
Tampico, no es una ciudad taaan grande como para no aprender a moverse muy fácilmente. Así que aprendimos rápido. Nuestras necesidades, hacían que fuéramos ampliando las rutas y con ello, fuimos conociendo más nuestra ciudad.
Por suerte, nunca me perdí, bueno, al menos que yo recuerde.
El ir solo, hace que uno marque su propio mapa mental sin perder dato de por dónde va pasando. Toda la responsabilidad recae sobre nosotros mismos y si no estamos bien abusados, la regamos.
Es cómodo ir de acompañante, o que te lleven y te traigan a todos lados, pero eso hace muchas veces, que no pongas atención por dónde vas. Andas como borreguito siguiendo al que te lleva y ya perdiste el dato de la vuelta, la esquina, la cuadra, el paso a desnivel, la desviación y todo lo que tuvieron que hacer para llegar a su destino. Al fin y al cabo que no nos sentimos con la responsabilidad de estar bien abusados, verdad?.
¿Y si de repente tuviera que ir uno solo, por necesidad, qué pasaría?.
Por eso siempre les digo a mis hijos que pongan mucha atención por dónde vamos, desde chicos, es bueno enseñarles el camino de regreso a casa, para que en un momento menos inesperado lo puedan hacer. No ser atenidos a nada ni a nadie.
Y es un tema, en el que ahora los adolescentes creen que nacieron en coche, con disponibilidad para ellos las 24 horas. Chofer en casa y gratis.
El irlos soltando y dejar que se muevan solos poco a poco, es estarlos echando al ruedo. Mi madurez como adolescente la tuve, el día que salí sola a la calle, a esa gran escuela de la vida que está allá afuera. Aprendí, que la vida es brava, que te tienes que poner bien listo para que no te chamaquen, que sólo el más astuto sobrevive, y que tienes que quitar esa cara de bobo y de hijo ñoño que tus papás siempre defienden. Créanme que les hacemos daño, entre más los protegemos, estamos creando a unos perfectos inútiles!. Tienen que aprender a ir al banco, hacer un depósito, pedir informes, hacer un trámite, esperar en una fila, aprovechar el tiempo, cruzar la calle, reclamar lo justo, respetar a los dependientes, ser diplomáticos y persuasivos, no dejarse engañar, conocer su ciudad y no hacer preguntas tontas.
Digamos que son unas de las cuantas reglas básicas de sobrevivencia. Otra, es ir con el señor Obispo…si claro!, ahhh qué?, esa no se la sabían?. Pues para mis hermanos y para mí nos fue muy útil.
Cada vez que le íbamos a preguntar a mi papá, que dónde podríamos conseguir algo que necesitábamos, él nos respondía…
-Mira, fíjate bien, aquí en la esquina de la casa, vas a tomar un camión que te lleva al centro, cuando llegues, caminas unas cuantas cuadras y das con la calle Carranza, esa es la calle de la Catedral, es todo derecho, derecho, derecho y cuando llegues ahí a la Catedral, preguntas por el señor Obispo, él te sabrá decir dónde encontrar lo que necesitas.
-¡Nombre Papin cómo crees!.
Digooo, cómo es posible preguntar por un lápiz, unas hojas de máquina, un desarmador y todo lo más obvio que pueda existir en el planeta!. Es aberrante el tener que dar respuesta a preguntas tan tontas. Por eso nos mandaba mi papá con el señor Obispo.
Y sí…así fue. Que así, como muchos hemos sobrevivido a puro golpe y porrazo. Dejemos que nuestros hijos se tropiecen un poco. De nada sirve el que sean una genialidad en la escuela, si en la escuela de la vida no aprenden ni a cruzar la calle.