No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 10 años

PARPADEO EN EL TIEMPO

     No sé porqué no me puedo acordar de haber sufrido por el calor cuando era chica, será que he de haber estado muy entretenida con lo que hacía, como para no darme cuenta o qué. O es algo en lo que los niños no se fijan mucho. Tal vez eso ha de ser. 

     Recuerdo esa fresca sensación  de mi casa al cruzar el umbral de la puerta y esa mezcla de olores cuando la comida está recién hecha. Llegábamos muertitos de hambre después de la escuela y no había nada más agradable que subir corriendo a tu cuarto y quitarte el uniforme. La casa limpia, los cuartos recogidos, todo estaba en orden. En aquél entonces, para mí era normal el ver mi casa siempre en perfectas condiciones y la comida lista. No me daba cuenta, que para poder llegar a tu casa, tu hogar, a tu lugar predilecto, tu mamá tuvo que esforzarse mucho para poder tener todo limpio y lindo. Con o sin ayuda, tuvo que hacer muchas cosas para que todo estuviera en orden y a tiempo. 

     Es como si los recuerdos se volvieran tan vívidos, que parece que aún los pudieras sentir. Llegar corriendo, ir a tu cuarto y cambiarte, tirarte en el suelo y sentir el fresco del piso, revisar tus cosas, sacar las estampitas que tanto atesoras, jugar un poco con tus monitos y bajar a comer porque hace mucha hambre. 

     Ese momento tan esperado de llegar a casa, se hacía más intenso a la hora de salida de la escuela. 

     Cosa que ahora que lo pienso, no sé cómo pudimos sobrevivir a tantos riesgos y peligros que pudimos haber pasado. Cuando estaba en la primaria, a la hora de la salida, el timbre sonaba y todos nos teníamos que salir a la calle, nadie se quedaba dentro de las instalaciones, todos los del turno matutino se salían y los del vespertino entraban. Y no había ningún adulto afuera cuidando a nadie ni entregando niños, ni mucho menos poniendo orden. Todos rodeábamos la esquina de la escuela y la acera de enfrente para esperar a que fueran por nosotros. En plena calle, niños pequeñitos de 6 y hasta 12 años ahí estábamos. Por supuesto que había muchos papás que antes de que tocaran el timbre, ya estaban esperando y entre toda la bola de chamacos que salían, localizaban a sus hijos y se iban. Otros, teníamos que esperar un rato más por ahí sentados a que fueran por nosotros. 

     Trato de imaginarme eso ahorita y me parece una idea  súmamente descabellada. Ningún niño sale de ese búnker que se llama escuela y si no llevas tu gafete, aunque seas su papá, no te lo entregan. 

     Definitivamente han cambiado mucho los tiempos. Pero no podemos negar que cada uno de ellos, han sido buenos en su momento. Y siempre se dirá lo mismo…”En mis tiempos, todo era mejor”, que si más divertido, que si más seguro, más padre, menos feo, más rico, más mejor o menos peor. Creo que cada quien vive sus mejores tiempos.

     Esos recuerdos de nuestra infancia, parecen que fueron hace muchos, pero muchos años. Es impresionante el ver cómo todo cambia en nuestro entorno, en nuestra persona, en la manera de pensar y de ver las cosas tan sólo de un año al otro. Esto es lo que hace, que tengamos esa sensación de que aquellos años, fueron ya hace mucho. 

     Un pequeño parpadeo en el tiempo apenas es. 

     Y sí…así fue. Que aunque muchas veces recordemos con nostalgia aquellos tiempos, ahorita, en este instante, estamos dándole forma y color…a nuestros futuros recuerdos.

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