En algunas ocaciones, llegué a acompañar a mi mamá para ir al súper. Parecía un torbellino!, agarraba el carrito y como si fueran carreras, arrasaba primero con las frutas y las verduras. Y con una visión periférica, ya tenía localizado todo aquello que se tuviera que llevar; de un tirón jalaba como diez o más bolsas y así ya no tenía que estar dando de vueltas y vueltas para agarrar otra. Todo lo tenía fríamente calculado. Su vista de águila y su buen tacto, hacían que su capacidad de selección de frutas, fuera muy eficiente y no se le escapaba ni una.
Estando con ella, me pedía que fuera por dos o tres cosas, pero en lo que yo iba, ella ya había escogido los limones, echado el cilantro, perejil y algunas acelgas, nomás se le veía volar la greña entre la gente y los muebles de la verdura. El carrito ya estaba casi lleno y eso que apenas estábamos en la sección de frutas y verduras. Me imagino que por eso, yo ahora consumo mucho los vegetales, gracias a que en casa, mi mamá todos los días nos los daba.
Pero apenas terminando la sección de las verduras, se pasaba por las carnes, el huevo y los lácteos y como agarrando vuelo, le metía el turbo y echa la mocha, recorría todos los pasillos a la vuelta y vuelta, arrasando con todo lo de abarrotes. Rebasaba a uno, esquivaba a otro, libraba pequeños embotellamientos y al dar la vuelta para pasar al siguiente pasillo, le metía segunda para agarrar más potencia. El carrito ya pesaba demasiado y ella con su súper fuerza, podía abastecer la despensa para 7 ú 8 personas que siempre habían en casa.
Creo que comíamos demasiado, con cuatro adolescentes no había despensa que fuera suficiente. Tal vez por eso, mi mamá siempre aprovechaba las ofertas del martes de mercado o los miércoles de plaza, para así darse a basto con tanta gente en la casa.
Claro que era una labor titánica cada semana y llegaba muerta a la casa después de irse a pelear por los jitomates. No era algo que le agradara mucho que digamos, el ir hacer la compra, porque eso implicaba tener que ir al amontonadero.
Ahora, a mí me toca hacer la compra, pero no puedo comparar la cantidad de despensa que hago, con la de mi mamá en aquellos tiempos. Y la verdad procuro evitar los amontonaderos, voy el día que sea, menos los martes de mercado o miércoles de plaza. Me gusta comprar con más calma, reviso los productos y veo su información nutricional, comparo precios y marcas, claro que las cosas que se compran de cajón, las echo al carrito en automático.
Así que digamos que soy un poco dispersa en eso de la compra del mandado y es algo que no me molesta hacer.
Pero, el tener que ir por dos tres cosas, es hiperodioso el tener que toparte con un día de quincena o de ofertas. Ahí sí sale uno con dolor de cabeza. Y la verdad, es que a veces no me he visto muy lista y cuando menos pienso, chin!, ya estoy adentro de la tienda, con toda la chorreada de gente.
El otro día, tenía un tiempo libre en lo que recogía a mi hijo en la escuela y me hacían falta unos aguacates, así que voy al Soriana que estaba por ahí cerca y me meto, voy entrando y con cara de extrañada, veo que no había carritos afuera, tardo unos cuantos segundos en reaccionar y…chin!!!, es martes!…me lleva!, sólo tenía 45 minutos para llevarme lo que quisiera y según yo iba de entrada por salida. Pero ni siquiera había de los canastos esos que se jalan para llevar pocas cosas. Así que al ver que no había carritos a la vista, me fui otra vez al estacionamiento a ver si encontraba alguno desocupado. Habían unos cuantos pero muy lejos y no quería asolearme más, así que agarré uno de bebé que me encontré por ahí cerca y dije ni modo!, si me preguntan qué dónde está mi bebé, les digo que lo dejé en el coche, jaj.
Y ahí voy, pero como si hubiera un escudo magnético en él área de frutas, de plano no pude ni entrar, había un gentío de miedo. Y pues ni modo!, sin aguacates nos íbamos a quedar. Quise según yo, aprovechar el tiempo y me fui a las carnes y los abarrotes y todo estaba igual, hasta parecía mercado y me imagino que muchos como yo, quisieron aprovechar el tiempo antes de ir por los escuincles y se fueron hacer toooda su compra. ¡Pero yo no!, yo nada más quería unos aguacates!.
Empecé a engentarme y a perder la paciencia, vi las cajas y estaban hasta el chonguísimo, así que desistí y dije, bueno, me voy a buscar unos chones. Pero ya ni eso pude hacer, ya estaba enfadada y lo único que logré, es andar como imbécil entre los pasillos con un carrito de bebé que ni siquiera bebé tenía. Así que dije, váyanse al demonio! y me salí sin aguacates, sin chones y sin nada!.
…En fin…pero como si no hubiera escarmentado lo suficiente, al siguiente martes por coincidencia, entré corriendo a la tienda para ir al baño, en lo que iba por mi hijo. Veo a toda la chorreada de gente y noooo otra vez!!.
Y sí…así fue. Que a menos de que tenga uno urgencia de pararse en la tienda algún martes o miércoles, yo les recomiendo que no lo hagan…ohh sii.