No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 9 años

¡QUÉ DÍAS!

     Dios!, no sé que le pasa a ésta época del año, que los días se vuelven tupiditos de cosas que hacer, asuntos que terminar, de compromisos y reuniones, de preparativos para el fin de año y así poder recibir mejor a la familia.

     Los días se hacen muy cortos y parece que no nos alcanzan. Se llega el lunes y ya de pronto es casi viernes.

     Estamos cerrando el año y aunque no hay nadie a quien rendirle cuentas de nuestra vida, nosotros mismos somos los que valoramos nuestro desempeño en el transcurso del año. Ojalá que los resultados hayan sido los esperados y que las metas hayan sido alcanzadas.

     A principios de año nos propusimos muchos cambios y demasiadas buenas intenciones…esperemos haber obtenido lo que deseábamos.

     Sin lugar a duda, el estar atentos, el saber observar y no dormirte en tus laureles, es lo que te va a ayudar, a aprender de los demás y a ser mejor tú mismo.

     No hay escuela que te diga…”así se debe de vivir la vida pa que no la riegues”. Eso lo va aprendiendo uno con el día a día, con el contacto con la gente, con las carencias y necesidades que puedas tener.

     Porque no hay mejor motor que una necesidad, eso es lo que te hace mover y buscar algo para poder satisfacerla.

     Y es en todos los ámbitos, no sólo en el laboral.

     Uno aprende de la gente, de tus amigos, de las personas que te rodean, de los errores del otro o del éxito del otro.

     Entiendo que todo tiene su tiempo y su momento, que no hay que forzar las cosas…pero!, si vives de la contemplación y te la pasas esperando que las cosas se resuelvan y te caigan del cielo, déjame te digo, que estás muy equivocado y te la pasarás toooda la vida esperando, sin que pase nada.

     Es ahí en donde debes de darte cuenta, que algo estás haciendo mal. Si ya no funciona lo que tienes o no es lo que esperabas, entonces cambia. Cierra ese capítulo y empieza otro nuevo. No quiere decir que estés fallando a tus sueños…pero a veces, hay que abandonar el barco. Ser sinceros con uno mismo y reconocer que no es el camino correcto. Otro nuevo sueño y algún proyecto saldrá.

     Porque no podemos esperar eternamente a que las cosas mejoren. A menos de que vivas en el mundo del confort del “casi puedo o del ya mérito”.

     Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos tenido que renunciar a algo y no porque seamos unos perdedores, no. Sino porque hemos caído en la cuenta, que es mejor renunciar a seguir haciéndonos daño.

     Hemos dejado a gente tóxica en nuestras vidas, nos hemos apartado de los alimentos chatarra, hemos maximizado más nuestros tiempos para lograr momentos de calidad con nuestra familia, hemos dejado la flojera a un lado y se ha puesto un mejor empeño para que tu hogar sea más lindo. Te has dado cuenta, de que si haces todas tus tareas y realizas todos tus trabajos, te va a ir mejor.

     Le hemos dado el valor que merece a nuestra propia existencia. Nos hemos querido más.

     A veces la estamos regando y a sabiendas de eso, no lo dejamos. Parece increíble, pero es cierto. Es más nuestro miedo a perder lo poco que tenemos, que no podemos abandonar aquello que nos está haciendo daño. Es en esos momentos, cuando uno debe de aceptar que necesita ayuda. Que no podemos solos resolver nuestros problemas ya sea en nuestro trabajo, con la pareja, en la familia, con cosas de salud y situaciones muy personales. A veces un punto de vista, desde otra perspectiva, puede ser la solución.

     Porque involuntariamente nos segamos y no podemos ver   bien en claro nuestra situación.

     Y sí…así fue. Que hemos tenido días pletóricos de emociones. Que el tiempo pasa volando, cuando tu vida está ocupada. Pero la verdad prefiero eso, a que los días se me hagan espantosamente eternos.

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