No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 9 años

CAMOTES DE LOS 100 DÍAS

     Un día, andando en el súper, compré unos camotes que se me antojaron mucho. Me gusta comerlos cocidos con un poco de azúcar o leche condensada.

     Estaban tan colorados y antojables, que me los llevé a casa.

     Estando ahí, los puse con la demás fruta y verdura a temperatura ambiente…y se me olvidaron.

     Siempre que los veía, decía que ya los iba a poner a cocer, pero el tiempo se pasó y jamás los ocupé. Hasta que un día, voy viendo que les empezaron a salir raíces.

     Al parecer estaban muy contentos ahí donde estaban, que hasta ramitas ya tenían. Así que nos pusimos a investigar y mi hijo más chico, se dio a la tarea de cultivarlos.

     Fue muy paciente y dedicado. Cortó los camotes a la mitad y los puso en agua.

     Al poco tiempo, ya tenía un montón de tallitos con raíces, que ya había trasplantado a trastecitos con agua.

     Tuvo la suficiente paciencia para esperar a que se hicieran más grandes y fuertes, para así poder pasarlos a unos maceteros grandes con tierra.

     Nuestra espera tenía que ser mucha para poder cosecharlos. Según lo que investigamos, decía que tenían que pasar 100 días para que el fruto estuviera grande y en su punto.

     Así, que esperamos…

     Todos los días, llegando de la escuela, mi hijo salía a ver sus plantitas. Les echaba agua y les hacía cariñitos.

     Las plantas, empezaron a crecer y se fueron formando enredaderas. Estaban en unos cajones de madera, de aquellos donde antiguamente se transportaban las naranjas y se veían lindas, muy verdes y frondosas.

     Pero el tiempo de la cosecha ya se había llegado. Increíblemente, habíamos esperado 100 días para poder sacarlas y cuando se llegó el momento, mi hijo, que con tanto esmero las había cuidado, se dispuso a sacar el primer camote.

     ¡Y nada!, no había nada todavía. Un pequeño bulbo, remedo de camote, se vislumbraba ligeramente. Así que decidimos dejarlos crecer un poco más.

     El tiempo pasó y pensamos que ya podría ser buen momento para cosecharlos…y nada!. Todavía estaban lo suficientemente enanos como para ser sacados.

     Total que ya llevamos 6 meses así.

     Esto me hace pensar, en nosotros mismos, en que no hay un tiempo específico para madurar como personas. Me sorprende ver gente tan joven y con un conocimiento de la vida que cualquiera podría decir que es muy madura. Gente, que ha vivido a pulso y con mucho esfuerzo, cosas que no deberían de suceder todavía en su corta vida. Me he asombrado y admirado con todo aquello que han logrado, he visto como en tan poco tiempo, han sabido llevar su vida de tal manera que los ha convertido en gente exitosa y más que nada, con los pies bien plantados sobre la tierra.

     Pero los hay también aquellos, que aún llegando a los cuarentas, cincuentas y más, no han dado una con su existencia. Es increíble el grado de inmadurez que tienen. Se supone que según la edad  cronológica, es conforme uno va madurando, pero al parecer no es así!.

     Y ni siquiera envolviéndolos en periódico maduran. Al parecer son casos perdidos en donde su vida no tiene ningún sentido.

     Y la verdad, son de esas personas que dan muuucha flojera.

     Y sí…así fue. Que al igual que los camotes, a muchos les falta madurar a pesar del tiempo transcurrido. Porque eso de ser lo suficientemente grandecitos, no es garantía, para ser maduros.

Some HTML is OK