¡Muy buen inicio de semana, de mes y de año!!.
Fíjense que hace poco más de 5 años, tuvimos la oportunidad mi esposo y yo de ir a Europa. Conocimos muchos países del viejo continente, vimos lugares maravillosos, comimos en los lugares totalmente inesperados ( hasta en la banqueta ), disfrutamos de una cultura muy distinta a la nuestra, pero más que todo eso…conocimos a mucha gente.
Quisiera contarles todo de golpe, pero no sé ni por dónde empezar…
Cuando recién llegamos a Monterrey, hace ya 10 años, casi de inmediato busqué unas clases de piano para mis hijos y no recuerdo cómo fui a dar a una pequeña academia de música, que quedaba por mis rumbos.
Los dueños de ese lugar, son un matrimonio ya grande, en donde la señora es la maestra y el esposo es el encargado del local. Tenían hijos ya grandes y durante todo el año, juntaban dinero para irse cada verano, a un gran viaje por el mundo.
Don Porfirio, que así es como se llama el señor, me contaba siempre de sus viajes, de los lugares que conocían y de las cosas que hacían. Me encantaba preguntarle cada vez más sobre todos aquellos viajes, tanto, que me enamoré de todo lo que me decía y lo veía como un futuro muy lejano, el poder hacer uno de esos grandes viajes.
Mi marido siempre me dijo que algún día iríamos a Europa y así fue. Y con ayuda de Don Porfirio, planeamos nuestro viaje a la perfección.
Fue algo indescriptible y no por el haber conocido aquellos maravillosos lugares, sino por el simple hecho del viaje en si, es como si hubiéramos crecido en cuerpo y en espíritu, como si todos nuestros sentidos se empaparan de una riqueza inexplicable de la vida misma.
Te sientes apto ante un mundo de posibilidades y te das cuenta de lo poco que has hecho en tu vida. ¡Cómo es que no lo viví antes!, ¿cómo pude dejar pasar tanto tiempo?…tal vez podríamos preguntarnos.
El hecho, es que si ya tomaste la decisión de tomar tu maleta he irte, desde ese momento, es el mejor momento para ti.
“Nooombre, no has viajado!”, esa es una frase que siempre ha ocupado mi papá y más que nada, se refiere al conocimiento de la vida misma. Y tiene mucha razón, considero que las personas que más te puedan dar un consejo o que te puedan platicar de grandes historias, son aquellas que han viajado por el mundo. ¡Nadie les ha contado!, todo lo han vivido en carne propia y ni los libros de historia, ni los grandes volúmenes de enciclopedias te podrán dar ese conocimiento infinito, como lo es al haber viajado.
Conoces esos lugares que sólo por fotos veías, llegas a tu sitio soñado y no sólo lo ves, sino que lo sientes, lo hueles y ves sus verdaderas dimensiones.
Pero saben qué es lo que más me ha sorprendido de estos viajes…es su gente, la gente con la que te topas en la calle, en el metro, los meseros que te atienden y hasta los mismos compañeros de viaje que te tocan en el tour. Me sorprende la gran diversidad que existe en el mundo, su manera de pensar y sus diferentes modos de vida. Ahí es donde te das cuenta de que no tienes la verdad absoluta.
Platicamos con muchas personas completamente desconocidas y sus historias nos cautivaron, nos llenaron de sus ímpetus, de sus ganas de trascender, de lograr sus objetivos, de no tener miedo. Mucha gente en aquellos lugares, eran personas que habían llegado solas, buscando nuevas oportunidades y a pesar de que tuvieran trabajos sencillos, ya habían vivido en diferentes países picando piedra, sin la pena de poder platicar su historia. Muchos de ellos eran jóvenes, pero con una experiencia envidiable, en donde dominaban ya varios idiomas sin tener que ir a las grandes escuelas.
Algunos regresaban a su lugar de origen, otros se establecían en algún país, pero todos ellos de alguna u otra manera, lo hacían finalmente como personas de grandes éxitos.
Mi marido y yo seguimos sin quitar el dedo del renglón, de que nuevamente podamos retomar nuestros viajes. Hemos hecho una pausa por el momento, porque en el transcurso de estos 5 años, hemos construido nuestro patrimonio. Pero ya va siendo tiempo de volver a partir.
Y sí…así fue. Que tenemos un cochinito al que poco a poco le hemos depositado nuestros ahorros, pero más que dinero, yo siento que está lleno de muchas ilusiones acumuladas.
Yo los invito, a que por lo menos una vez en la vida, se permitan dar una vuelta al mundo.