No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 9 años

BUSCANDO LA NIEVE

     Siempre había creído, que para conocer la nieve, tenía que viajar a lugares muy distantes de mi país.

     Hace muchísimos años, en uno de nuestros viajes a México, para pasar la Navidad con la familia, nos agarró un frío muy intenso en la sierra, allá en lo más alto de la carretera. Ahí vimos que todos los pinos y el paisaje a nuestro alrededor se veía ligeramente revestido de blanco. Era tan baja la temperatura, que ni siquiera nos permitieron asomarnos fuera del camper de mi papá.

     Viajábamos todos encobijados y la única que salió envuelta en gorro y bufanda, fue mi mamá. Todavía puedo ver su imagen parada ahí cerca de la camioneta, sonriendo maravillada viendo a su alrededor, todo aquello tan magnifico que teníamos a nuestro alcance.

     No podría decirse que conocí bien la nieve, así que con esas ganas, me quedé todavía muchos años más.

     Los años pasaron y muchísimos para mí y fue cuando ya estando casada y con hijos pequeños, un día tuvimos la oportunidad mi esposo y yo de viajar a Canadá.

     ¡Wowww!, iba a conocer la nieve ahora sí!, pero cuál va siendo mi sorpresa, de que en esa época del año, no había nieve. El pueblo a donde fuimos cerca de Vancouver, se supone que es un lugar de cabañas en donde la gente practica el esquí y todas esas actividades en nieve. Pero cuando no es temporada, lo que hacen ahí, es practicar el ciclismo de montaña y una especie de kamikaze mortal con todo y bici que bajan echa la duro, desde una montaña ahí cerca. Digamos que es casi lo mismo en invierno, pero sin osos.

     Pues aparte de que te tienes que cuidar de no matarte en esas bajadas del infierno, también te tienes que cuidar de los osos que andan por ahí.

     De todas las edades, subían al teleférico las personas con todo y bici. El lugar estaba acondicionado para eso y los muchachos traían puesta una especie de armadura tipo Robocop, para no darse tanto en la torre al momento de caer.

     Nosotros sólo nos limitamos a subir a lo más alto de la montaña, sentados en ese teleférico, donde las patitas nos colgaban. Llegamos hasta arriba y lo más que pudimos ver de nieve, eran unos chopitos por ahí acumulados. Nada satisfactorio para mí, claro, porque a duras penas juntabas algo para hacer unas bolitas. Todo lo demás que estaba más nevado, se encontraba fuera de nuestro alcance.

     Disfrutamos de nuestro viaje al máximo, pero aún así, nos quedó la cosita, de no haber conocido bien la nieve.

     Ya desde aquel entonces, nosotros vivíamos en Monterrey y aquí nos topamos con sus bajas temperaturas en invierno.  En algunos años, las heladas fueron tan intensas que hasta las tuberías se rompían, el agua de los perros se congelaba y una vez el tinaco de la casa se reventó.

     Vimos caer pelusita de nieve y un día nevó lo suficiente, que todos los autos se llenaron de nieve y pudimos hacer muñecos en los cofres.

     Esa vez, toda la familia, nos fuimos a Monterreal, un lugar como a dos horas de aquí, en donde era garantía de que estuviera nevado por allá.

     ¡Fue algo maravilloso!, la nieve nos llegaba hasta la espinilla, podíamos aventarnos y caer en todo ese manto tan blanco, que relucía por todos lados. El sol estaba en todo su esplendor, así que el frío no se sentía tanto; el panorama bellísimo, la gente jugando, los niños haciendo monos de nieve y todo mundo tomándose fotos…hacían de ese día, un día inolvidable.

     Lo mejor de todo fue, que improvisamos un trineo con una palangana con la que se hacen las mezclas en las obras y nos sirvió para deslizarnos una y otra vez en ella. Nos tomamos un chorrísimo de fotos y muchas de ellas eran para morirse de la risa, al ver lo nada elegante que nos caíamos fuera del trineo cuando se volcaba. ¡Hasta la abuelita Lucy se aventó!.

     Hicimos angelitos de nieve y ya cuando nuestros tenis quedaron empapadísimos, ahora sí nos regresamos.

     Y sí…así fue. Que nunca imaginé que cerca de donde yo viviera, me fuera a encontrar tanta nieve. Así que cada año, esperamos con ansias, de que vuelva a nevar, para poder ir, a ese fabuloso lugar.

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