No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 9 años

LAS VISAS

Hace poco más de cuatro años, nuestras visas ya estaban por caducar. Regularmente durante el año, viajábamos al otro lado por nada en especial. Aprovechábamos los puentes, para hacer maletas de volada e irnos un fin de semana de shopping.
Era salir de la rutina, hacer un pequeño paseito y tener la oportunidad de ver cosas diferentes sin ir tan lejos.
Como sabrán muchos, yo vivo en Monterrey y MacAllen nos queda a tres horas. Así que la dificultad para ir allá, era ninguna.
A veces, nada más íbamos al otro lado para ir a comer, al Luby’s o al Wallbangers, que son las hamburguesas más deliciosas del mundo mundial que he probado.
Lo demás era comprar chucherías y una que otra cosa de gran utilidad.
Recuerdo que una vez, nos quedamos de ver con un compadre en un restaurante de la carretera a Reynosa. Desayunamos y después de la platicadita, mi esposo me dice si quería que fuéramos al otro lado. Para esto, no traíamos nada de maletas ni nada, sólo nuestras visas y ya. Y así, a la aventura nos fuimos!. Allá en el otro lado, nos compramos chones, cepillos de dientes y un cambio de ropa.
Y a pesar de que soy de las personas que le gusta organizar su vida, esta vez tenía que aprovechar la oportunidad y tomarla, sin pensarla tanto.
Así que nos fuimos y nos la pasamos de lo lindo.
Después, nuestros planes cambiaron. Empezamos a planear la construcción de nuestra nueva casita en el bosque y todos esos viajes a MacAllen se detuvieron. Las visas se vencieron y todo nuestro dinero, tiempo y empeño, estuvo enfocado en nuestra nueva casa.
Así que, entre la construcción de la casa, entre que amárrate el cinturón porque los gastos se venían al mil y la subida del dólar, los años se fueron pasando y nosotros sin visas. Y como no teníamos realmente la necesidad de ir a comprar nada al otro lado, la desidia para tramitar las visas se fue acrecentando.
Y así pasaron 4 años, pero nos pusimos las pilas y de volada las tramitamos. Y aunque no sea un producto de primera necesidad, la dejadez es terrible, no te lleva a nada bueno. Simplemente trata de mantener un orden en tus cosas y en tu vida, porque nunca sabes si lo vas a necesitar de un momento a otro.
Pero dejen les cuento cómo estuvo lo de las visas. Resulta, que ya se habían vencido las de mis hijos y la mía. Y como está medio complicado todo el trámite para sacar la cita, decidimos pagar para que nos lo hicieran. La verdad, vale la pena quitarse ese peso de encima, porque como dice una amiga, es una monserga!.
Así que, con indicaciones claras y precisas yo me quedé. Las citas nos la dieron inmediatamente para dos días y prácticamente, no tenía tiempo para recopilar la información que requerían.
Pero no era gran cosa sus requerimientos y un sábado nos tuvimos que presentar mis hijos y yo para huellas y pasaporte en una de las dependencias. Revisé mil veces lo que necesitaba llevar y estaba segura de que tenía todo lo necesario. Llegamos con 15 minutos antes de los que nos habían pedido y yo me sentía orgullosa de mí misma. Y ahí paraditos en la fila, veo que el señor que estaba frente a mí traía su visa y otros papeles. A mí solo me habían pedido el pasaporte y la hoja de la cita.
Fue entonces cuando empecé a dudar…volteaba a mi alrededor y veía que otros también llevaban más documentos, así que me empecé a poner nerviosa…¿Y si me faltó algo?, ¿Y si no me dijeron bien qué es lo que necesitaba?, ¿Y si me hubiera traído mi constancia de Kinder, el diploma de ballet y mi boleta de calificaciones?, ¿Y si me lo piden y si se les ocurre y si, y si, y si qué se yo?!!.
El pánico empezaba a invadirme y viendo al señor de enfrente, se me ocurre preguntarle…-¿Disculpe, a usted le pidieron traer la visa anterior?…y él con dolo me contesta…-¿Qué, no la trajiste?. ¡Laaástima Margarito!, casi podía oír decirlo!, ¡me lleva!.
En ese momento ya me quería dar chorro. Y fue cuando caí en la cuenta de que había cometido un grave error: el haberle preguntado a él.
Era como si en su frente tuviera un letrero que dijera “Si no está lo suficientemente confundido, pregúnteme a mi”.
¡Qué imbécil!, me decía a mí misma, por haber preguntado si es que yo ya iba segura de lo que hacía. Dudé y esa fue mi perdición.
A final de cuentas todo salió muy bien sin percance alguno, sólo que un poco indispuesta del estómago…pero en fin.
Pero a la cita en el consulado, ya no permití que me pasara lo mismo. Y como los caballos, llegué, así con esas cosas que les ponen en los ojos para que no se asusten con los carros. Hice oídos sordos y no permití escuchar ningún comentario cerca. Mis hijos y yo, nos limitamos a formarnos y esperar nuestro turno.
Realmente estaba tranquila, segura de toda la documentación que llevaba. Por supuesto que no le pregunté nada a nadie y al momento de pasar con el vista no me pidió absolutamente nada! Tal vez ha de haber sido por mi linda cara, porque si fueron tres preguntas las que me hizo, fueron muchas, he inmediatamente me dijo que mis visas estaban aprobadas, Yeiiii!.
Y sí…así fue. Que más vale tener todos tus trámites al corriente y no andar arrastrando pendientes. Mientras tanto yo, estoy muy emocionada de volver a ir al otro lado, para comprar cositas, Ohh Sii.

Some HTML is OK