No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 9 años

MALA MADRE

     Desde que me casé, tuve en el patio, unas plantitas greñudas que se llaman Mala Madre. Y se llaman así, porque al tener hijitos, los botan lejos de ellas. Son retoñitos, como pequeños brotes mechudos que se extienden lejos de la planta.

     Las tenía siempre en una escalera en el patio que llevaba al techo. Pero como tenía ya bebés y perro también, la clausuramos y pusimos muchas macetas en los escalones.

     Así que la Mala Madre, al tener tantas macetas a su alrededor, se aprovechaba y aventaba a sus hijitos, sembrándolos en macetas ajenas. Siempre fue así.

     Y así pasaron los años, mis hijos crecieron, nos mudamos de ciudad, rentamos una pequeña casa y después de más años, construimos la nuestra. Y aquí, en mi linda casita, tengo nuevamente a esas simpáticas plantitas greñudas, como hacía tanto tiempo.

     Mi esposo las compró y se trajo del vivero dos plantas colgantes bien frondosas. Las puso colgadas en la entrada de mi casa y al parecer les encantó estar ahí.

     Pero fueron tantos los hijos que tuvieron, que hubo un descontrol total de natalidad. Los hijos se multiplicaban de a muchos y colgaban todavía más de la maceta. Así que mi esposo puso orden ahí.

     Se dio a la tarea, de sacar a todos los hijitos y de pasarlos a una gran bandeja con agua. Luego los acomodamos en floreros de vidrio y ahora lucen mechuditos en mi comedor y mi cocina.

     Pero esa planta, siempre me ha hecho pensar en lo sabia que es la naturaleza y en lo mucho que debemos de aprender de ella.

     Tanto plantas, como animales, son lo demasiado sabios en poder desprenderse de los hijos y dejar por bien de ellos, el que puedan hacer su propia vida, dejando que corran sus propios riesgos, los cuales los van hacer madurar siempre.

     ¿Han visto los pájaros?, los padres saben exactamente,  cuándo dejar volar a sus pequeños. Si las crías no se atreven, los mismos padres los incitan a emprender el vuelo. Y les puedo asegurar, que no se van a equivocar en ese instinto de supervivencia.

     Los perros, los gatos, los caballos, todos, absolutamente todos, tienen un momento en donde a los hijos se les deja. Ninguno de ellos, los conservan para seguirlos cuidando por más tiempo. Podrán vivir juntos, pero cada uno con su independencia y responsable de si mismo.

     Así deberíamos de ser nosotros, tal vez, no botando a nuestros hijos, pero si dándoles la responsabilidad necesaria, para poder ser independientes.

     Somos los únicos seres vivos, que pueden hacer unos inútiles a sus hijos, que los podemos hechar a perder como personas y como individuos y sólo por el miedo a que sufran, no los dejamos crecer.

     Y todo empieza desde pequeños, desde no dejarlos comer solos, de seguirles abrochando las agujetas, de peinarlos cuando ya están bastante grandecitos, de hacerles las tareas, de no dejarlos que recojan nada, de hacer todo por ellos, de solucionarles sus problemas, de exigirle a la maestra porque le habló un poquito fuerte a su mijito.

     !Débiles!, ¡inútiles!, ¡frágiles!, así los volvemos. Es una realidad que no queremos ver, que nuestros hijos son los únicos que van a sufrir esa sobreprotección excesiva de nosotros, si no los dejamos madurar.

     De grandes cada quien se debe de rascar solito. Grave error cuando ya son unos adultos y todavía vivan a la sombra de los papás. Se les podrá ayudar en algún momento difícil, pero nada más!. Es vergonzoso que eternamente vivan a expensas de ellos, de cualquier manera, llámese en lo económico, en lo moral, en lo social.

     ¿Que les va a doler?, si un poco…a veces mucho. Pero las caídas son necesarias para poder crecer como personas. No queremos que nuestros hijos sufran nunca jamás, pero esas faltas de experiencias en la vida, son faltas de madurez en su persona.

     Hay que dejarlos tomar un camión de vez en cuando, que ellos mismos hagan algún trámite, que se preparen su comida, que tiendan su cama, que hagan su cuarto y ayuden en las labores de la casa, que caminen si es que no hay  autobús o si las distancias son cortas. Que aprendan a tomar decisiones y que su ambición por la vida la tengan siempre presente.

     Y sí…así fue. Que con orgullo puedo decir que he sido una mala madre, soltando a los hijos de a poco. Y aunque nos dejen con el alma en un hilo, todo esto, es por su bien.

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