Hace mucho tiempo, leí un escrito, que más que escrito era una historia. De esas de las que alguien inventa y lo saca a la luz pública.
Y dentro de esa especie de novela, así tipo de rompe y rasga, hubo una frase que se me hizo muy telenovelezca…”¿En qué te puedo servir hoy?”, decía el protagonista de la historia dentro de uno de sus diálogos y que con el paso del tiempo, esa pequeña frase, hizo que su vida cambiara por completo y vivieran felices para siempre.
Y se me hizo demasiado bello para ser verdad. Algo, que sólo en las películas en donde los finales, que son siempre felices, es donde se puede ver.
Lo digo esto, porque para que alguien te crea, debes de ser congruente con lo que profesas. Toooodo mundo puede decir cosas muy bonitas, frases que se hacen célebres, pensamientos profundos, ideas maravillosas…pero si no lo pones en práctica, de nada sirve.
¡Sé original!. Buena persona o mala persona, pero original. Que lo que digas, sea lo que tú hagas realmente.
Eso me recuerda mucho, como cuando entras a una estética para que te corten el cabello y te encuentras con que la estilista está toda chancluda y con unos pelos horribles. Definitivamente como que no checa el dato verdad?. Y te hace dudar de su capacidad como profesional.
Al igual pasa en los gimnasios, uno espera ver pura gente con cuerpazos de competencia, con los empleados del lugar.
Y así puedo seguir con la lista laaarga laaarga.
Y mucho de esto de lo que estamos hablando tiene que ver con la congruencia.
Sinceramente, no soy de las personas que se ofrecen tan fácilmente. Sé que no está bien, pero he tratado de irlo mejorando. Y me refiero a ofrecerte, como esa ayuda incondicional y desinteresada hacia las otras personas.
Mi esposo, por ejemplo, siempre me llama cuando va de regreso a casa y me dice…”ya voy para allá, ¿se te ofrece algo?”. Y créanme que a menos que necesite algo realmente, se lo pido. Y aunque él con mucho gusto y sin problema alguno, pasa a la tienda por el pan o la leche que se me pudiera ofrecer. Es algo que a mí me rechoca que me pidan, no tengo ese espíritu choferil como para andar dando de vueltas.
¡Lo sé, lo seee!, no debería de ser así. Pero cuando voy de regreso a casa, nadie me para!. No hay escalas ni paradas improvisadas, en friega ya quiero llegar a casa y me repatea que me pidan algo.
Pero, es algo que he estado cambiando. He tratado de ser más servicial en ese aspecto.
Anteriormente, llamaba a la casa diciendo que ya iba para allá, rogando que no me pidieran nada!. Ahora, ya pregunto si se les ofrece algo.
Es grato reconocer, que mi marido, es una persona muy servicial.
Pero hace un tiempo, me llegó un mensaje de mi jefe, un día entre semana, que decía: “Hola, muy buen día, ¿en qué te puedo servir hoy?”.
Por un momento me dejó perpleja, porque inmediatamente pensé, cómo el dueño de una compañía que tiene mil asuntos que atender súpermegaimportantes, se está poniendo a mi servicio…si necesitaba algo realmente, en ese momento, toda carga se desvaneció.
Les he de decir, que tengo un jefe (y amigo), sumamente servicial con todos. Es algo que se admira y se agradece profundamente.
Así que me dejó sin habla prácticamente y no podía creer que realmente alguien, dijera exactamente las mismas palabras que mucho antes había leído…”¿en qué te puedo servir hoy?”.
Es muy agradable toparte con gente así: servicial, cordial, atenta, acomedida y más que nada, humilde.
Por supuesto que en cada familia, uno siempre batalla con los hijos por ese detalle. Queremos que sean lo suficientemente acomedidos con las cuestiones de la casa. Y a menos de que uno se los pida, lo hacen…de mala manera, pero lo hacen…a veces.
Pero cuál ha sido mi sorpresa, que uno de mis hijos, se ha vuelto muy servicial…bueno, a veces. Y me dice, más que nada en la cocina y antes de subirse a su cuarto…”¿necesitas que te ayude en algo más?”.
Para mí eso lo es todo!, te sientes tan atendido, que si realmente necesitaba algo, ya con esa intención verdadera, fue suficiente.
Y sí…así fue. Que hay un verso por ahí de Rabindranath Tagore que dice así:
“Soñaba y veía que la vida era gozar.
Desperté y comprendí que la vida era servir.
Serví y descubrí, que servir era gozar.”
Y sí…así fue.