No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 9 años

EL MEJOR DÍA DE TU VIDA

     Algo de lo que me puedo sentir orgullosa, es haberles dado el tiempo suficiente a mis hijos cuando eran niños.

     Tuve la gran dicha de llevarlos innumerables veces,   al parque, a la playa, a los juegos, a la laguna del Carpintero allá en Tampico…eran cosas de lo más sencillas que no costaban nada, les hacía lonchecitos y les llevaba su agua.

     Disfruté cada segundo de su vida y afortunadamente no me quedé con las ganas de nada.

     Me es difícil el poder decir cuál ha sido el mejor día de mi vida. Sinceramente son cosas que no las podemos resumir a un sólo día. Pero creo, que podemos tener recuerdos de momentos muy felices en nuestra vida.

     …Hace unos años, estaba una sobrinita de Tampico acá en Monterrey y me la llevé a ella, a otro sobrino y a mis hijos al parque Fundidora. Es el parque más grande que hay en Monterrey, me súper encanta!. Lo tiene todo, está enorme, arbolado, preciosísimo, se respira tanta buena vibra, que uno sale renovado cada vez que va ahí.

    Esa vez, les hice tortas de jamón y me llevé un galón de agua para todos.

     Cada quien llevaba su bici, pero la tarde amenazaba con llover y aún así nos fuimos a la aventura.

     Llegando, cada quien bajó su bici de la camioneta, pero apenas habíamos avanzado un poco, cuando empezó a llover.

     Traía a 4 niños ansiosos por pasear, pero en ningún momento hubo un rato de desánimo. Es ahí donde uno como adulto, tiene que ser lo suficientemente habilidoso, para pensar en un plan B que no te arruine el momento. Porque ojo, si te frustras, te molestas o empiezas a decir de chines, se hace una histeria colectiva.

     Así que volvimos a subir las bicis a la camioneta y nos llevamos las tortas a una palapa cerca del lago. Yo creo que hemos de haber tenido mucha hambre, porque estaban deliciosas, las disfrutamos muchísimo y los patos también. Teníamos a nuestro alrededor a un montón de patos, esperando un poco de nuestras migajas de pan.

     Compartimos el agua, tomándole de cascadita para no llenarla de babas y nuestro picnic fue todo un éxito.

     La lluvia se pasó y volvimos a bajar las bicis. Nos fuimos a pasear por ahí y en cada momento, veía a los niños muy contentos.

     Sentí que había sido un gran día. Pero jamás me imaginé, de qué tan grande había sido. Pues al día siguiente, al estar con la familia y platicando nuestras aventuras, mi sobrina me dice…tía, fue el mejor día de mi vida!…Casi me deja sin habla y por un momento sentí que se me iba a escurrir una lagrima de la emoción.

     Una serie de sentimientos encontrados se revolvían en todo mi ser.

     Cómo, con algo tan pequeño, había llenado el corazón de un niño al máximo.

     El brillo de sus ojos al decírmelo y la expresión de su carita, no la voy a olvidar jamás.

     Pero es cuando uno se da cuenta, de que así como puede uno llenar de alegría a un niño, también hay palabras y acciones que los pueden dejar lastimados de por vida. Por esa razón mis sentimientos habían sido encontrados, porque ves claramente lo que una buena o mala acción, puede repercutir en los demás.

     Ahora, en el invierno pasado, ya con hijos jóvenes y adolescentes, volvimos a ir a Fundidora con toda la familia de mi esposo. Ya había anochecido y todos rentamos bici…hasta la abuelita Lucy tuvo su bicicleta!. Hacía frío y la noche estaba divina, llena de luces por toda la decoración de Navidad.

     Fue una experiencia de un gozo inexplicable. El pasear en la bici, el sentir el aire fresco en tu cara, esa sensación de libertad, de desprendimiento de todo aquello que te aqueja, hacía que mis endorfinas se multiplicaran al máximo.

     Todo era un conjunto maravilloso, el ver a mi familia y a tanta gente disfrutando de lo mismo que tú, era una sensación de un lleno total de felicidad.

     Y sí…así fue. Que no necesitamos de grandes cosas para tener el mejor día de nuestra vida. Llenémonos pues, de pequeños y grandes recuerdos toda la vida.

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