Platicando con un buen amigo, me dice entre broma, que ese día no abrió su negocio y todo porque las llaves se le habían quedado adentro y lo peor del caso, es que las copias andaban paseando por Acapulco.
Fueron demasiadas coincidencias como para que pudiera abrir su local. A lo que le comenté, que tal vez no debía de abrir su negocio ese día por nada del mundo.
¿Se dan cuenta?, a veces la vida nos manda demasiadas señales para dejar de hacer algo y no las percibimos.
Seguimos intentando e insistiendo en algo, que tal vez, por cosas del destino, nos dice a gritos que dejemos de hacer lo que estamos haciendo.
…Fíjense que al día siguiente de mi boda, mi marido y yo nos íbamos a despedir de la familia para emprender nuestro viaje de Luna de miel. Y cómo no teníamos reservación en ningún lado, prácticamente nos íbamos a la aventura en el coche de mi suegra. Nuestro destino era el centro de la República.
Recuerdo que ya teníamos todo fuera de la casa, cuando chin!, las llaves!, se quedaron adentro. Lo bueno es que era una casa antigua donde vivimos los primeros años de casados y sus ventanas se abrían con cierta facilidad.
Perdimos un poco de tiempo y ya con las llaves en mano, estábamos listos para ir a la torna boda, donde toda la familia se encontraba para seguir con la pachanga.
Sólo íbamos a despedirnos y así poder emprender nuestro viaje. Pero, empezaron a suceder cosas que parecía que todo estuviera en nuestra contra.
No habíamos avanzado mucho, cuando un ruido en el aire acondicionado empezó a sonar. Era exagerado, así que fuimos a dar con el de los climas para que lo checara. Ahí cómo que me empecé a impacientar, y ya me quería ir, pero algo me decía que no era muy buen panorama el que teníamos. Total que después de desmontar el clima, resulta que era una hoja seca que tenía ahí atorada.
Buéhhh!, ya íbamos mucho más tarde a casa de mis papás, cuando de pronto, la llanta!, estaba ponchada. Apenas pudo mi esposo llegar a la casa para dejarme y poderse ir a la vulcanizadora. Un clavo enooorme tenía la llanta!. Y ahí fue cuando le dije a mi marido…sabes qué, no nos vamos hoy. Ya habían sido demasiadas señales como para insistir en irnos. Y la verdad me dio miedo y no quise arriesgarnos.
Así que nos quedamos a la pachanga y al día siguiente y sin ningún contratiempo, nos fuimos.
Nuestro viaje resultó de maravilla. Cosa que nunca sabremos, qué hubiera pasado si nos hubiéramos ido ese día. En fin…
Pero hubo una vez, en donde no le hice caso a mis instintos y me dio mucho coraje, porque yo sabía en el fondo que algo malo pasaría y aún así, lo dejé pasar.
Resulta, que estando de novios mi esposo y yo, pusimos un stand en la feria de Tampico; ya saben, las famosas Fiestas de Abril allá en la laguna del Carpintero. Y fue todo un éxito; vendimos aquellos rompecabezas de goma que venían en muchísimos colores. Nadie los tenía! Y era un bum en ese tiempo.
Fueron varios días de venta y como el mejor momento de la feria era en la noche, cerrábamos muy tarde. Estamos hablando que a eso de las 3:00am más o menos.
No había gran seguridad en los stands y sólo una lona, era lo que cerraba nuestro local. Así que cada noche, había que amarrar muy bien la lona, para poder cerrar.
Pero hubo un día, en donde vi a los del local de enfrente, que su comportamiento era distinto. Tenían un puesto de espiripapas y eran puros chavos y una chava de muy mal semblante.
Una sensación muy extraña corría por todo mi cuerpo, veía a esa gente y su mirada era distinta, como más al acecho. Pero realmente no sabía qué pasaría, sólo sabía que algo iba a suceder.
Así que terminamos de cerrar el local y la tipa esa que trabajaba en frente, seguía sentada con la peor de sus miradas. Algo me decía que estaba muy mal.
Nos fuimos y mi esposo me notó inquieta. Me preguntó, que qué tenía. A lo que no quise darle importancia…qué grave error.
Al día siguiente, llegamos y nos dimos cuenta que nos habían robado. Mi coraje fue mayor, porque yo sabía que iba a suceder algo, no sé qué, pero algo malo.
Era una furia contra mí misma, por no hacerle caso a mis instintos, por no haber regresado y enfrentar a la tipa esa y decirle si nos estaba vigilando, porque yo lo sabía y no hice nada…
Después, me di cuenta que no valía la pena enfrentarlos, los tipos esos eran puros marihuanos, pandrosos. Su propio aspecto y comportamiento estaban del nabo, que más que coraje, sentí lástima por ellos, de llevar esa vida tan miserable.
Y sí…así fue. Que hemos de hacerle más caso a nuestros instintos. A saber interpretar aquellas sensaciones de alerta que nuestro ser nos da…en fin.
8 años
HAZLE CASO A TUS INSTINTOS
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