Nunca llegué a pensar que las navidades pudieran ser tan violentas…codazos, pisotones, empujones, y uno que otro golpe duro a la cabeza.
Pues si, así vivimos esta navidad en casa de mi cuñada.
Todo comenzó de manera muy serena y tranquila. Llegamos con la cena que íbamos a compartir y ya todos los invitados estaban presentes. Mi cuñada y su familia, mi suegra, la familia de mi concuño y nosotros. Hasta ese momento todo transcurría en santa paz.
Después de un rato, cenamos, todos muy propios a la mesa, comimos con recatada mesura y nosotros mismos nos sorprendimos de lo poco que comimos.
Estuvimos un rato en la sobremesa y luego nos fuimos a los regalos, hicimos el intercambio y todos muy contentos con lo que nos habían dado.
Ya como que el ambiente se empezaba a relajar un poco y no estábamos tan propios.
En eso, les propuse un juego, el de “Asitron“. Que es cantando la canción al rededor de una mesa y todos van pasando unos vasos de plástico sin que nos equivoquemos.
Nos moríamos de la risa, porque no faltaba alguno que la cajeteara al no poder pasar el vaso. Así que conforme iban perdiendo les decíamos ¡Fuera!, ¡Fuera! y los sacábamos.
Ahí ya estábamos perdiendo toda compostura y decencia.
Pero cuando si nos soltamos la greña, fue cuando jugamos a la Ensalada de Frutas. El juego consiste en hacer un círculo grande, en donde cada participante está sentado y tiene el nombre de una fruta. En medio hay alguien parado, que es el que va a robar el lugar del que se pare cuando un moderador va nombrando a varias frutas, para que se intercambien de lugar. Ahí es cuando comienza la agresión, ja!
No podíamos dejar de reír al ver a las abuelitas correr para ganar un lugar. Se paraban como de rayo y una de ellas, hasta se aventaba como beisbolista con tal de que no le ganaran (ahí va la abuelitaaaaa). Digamos que era un juego de alto impacto, metían codos, rodillas, se aventaban de cabeza y otros hasta se caían de la silla por llegar tan rápido.
Ahí no importaban lazos ni parentescos, aunque fuera su hijo, lo empujaban hasta allá con tal de ganar el lugar.
Pero el juego se volvía una batalla campal al momento de escuchar “¡Ensalada de Frutas!”, y todos tenían que cambiar de lugar al mismo tiempo!…fue ahí donde el juego ya parecía un ring. Qué risa y aún así seguíamos jugando.
Mi suegra terminó con un pisotón, mi concuño se lastimó la espalda al caerse de la silla, su mamá terminó con un golpe en la quijada, su hermana con un trancazo en la cabeza, mi esposo con un tallón en el brazo y todos los demás abollados.
Ya dijimos que el próximo año, vamos a pedir que esté afuera la ambulancia por si se ocupa.
Y yo todavía preocupada por mi suegra que tenía un tallón en el pie le digo…
-Ayyy señora, mire nomas!
-No, no, no, no pasa nada!, así
es el juego. Me decía.
Así que yo pienso que ese juego debió de haberse llamado “Ensalada de Frutas Salvajes”.
Y sí…así fue. Que acalorados terminamos con tanto brinco y sombrerazo. Pues se supone que la idea era de convivir en familia, o no?.
8 años
ENSALADA DE FRUTAS
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