Lo que quiero contarles, es algo que me sucedió recientemente.
Estas vacaciones de Semana Santa, hubo la oportunidad de llevar a mis sobrinos de Puebla con nosotros. Nos encontramos en la gran Ciudad de México y para los que no lo sepan, en esas fechas es ideal viajar para allá, porque es cuando la ciudad se vacía. Muchos de los que viven en México, se van a vacacionar a cualquier lado, menos ahí; sus destinos privilegiados son las playas, así que para nosotros, el ir en esas fechas a la gran ciudad, nos queda como anillo al dedo.
Y algo que disfruto mucho de México, son sus colores y sus sabores. Prácticamente nuestro viaje, se había convertido en una ruta gastronómica.
Cosas tan ricas que te puedes encontrar allá y a muy bajo costo.
Pero se debe de tener, las suficientes ganas de darse baños de pueblo, para meterse en ciertos lugares.
A nosotros no nos importaba. Así que después de almorzar en el mercado de Xochimilco, fuimos al embarcadero a dar un paseo en las trajineras.
Mi emoción era demasiada, mi felicidad me llenaba y más porque iba acompañada de mi familia. Todos estábamos en la misma sintonía, admirando y disfrutando cada momento del paseo.
Pero algo que me atrapaba demasiado, eran sus colores, el ver las trajineras revestidas de flores, hacían de esa escena una imagen muy pintoresca. Así que me puse a tomar fotos con mi celular.
Que es algo que disfruto mucho…buscar el encuadre, el ángulo, la intensidad de la Luz, todo, checo todos los detalles para tomar una buena foto.
Llegamos a la mitad de nuestro recorrido y todo, en una verbena flotante se había convertido…mariachis cantando, marimbas tocando, vendedores ambulantes ofreciendo sus artesanías y hasta comida podía uno encontrar ahí. Todos en sus trajineras, chicas, grandes, de todos colores, era una expresión visual inigualable.
Así que a la distancia y en diferentes ángulos tomé varías fotos, he hice unas muy buenas capturas, dignas de recordarse.
…Pero lo más inesperado sucedió en un segundo.
Al tratar mi marido de tomarme una foto junto con mi sobrina, sin querer lo empujé y mi teléfono se le fue al agua. Pude ver cómo en cámara lenta se le zafó de las manos y dando dos tres giros cayó al agua…en ese momento, un vuelco le dió a mi estómago, como si quisiera vomitar de inmediato y le dije…es mi teléfono?!!
Claro que era mi teléfono, todo un mundo de cosas se me agolparon en mi mente…”mis documentos, mis notas, mis escritos, mis contactos, todo!…trabajo, pendientes…mis fotos!”
Mientras mi marido desesperado se lamentaba por lo sucedido, me imagino que quería regresar el tiempo, pues parecía una situación de lo más absurdo, no podía ser!!!…no puede ser, no puede ser!, es lo que uno piensa.
¡Pero si!, las cosas si pasan, los accidentes suceden, las cosas se acaban, el tiempo termina, la gente se va, a veces de tu lado y otras para siempre de este mundo. Entones, en ese momento me dije…¿porqué carajos me voy a morir?!!,¿porque se me perdió el celular?, no!.
¡No me voy a morir!. Esto no puede superar mi entereza, ni mi razón. Que se siente del nabo, si!!, que sientes que te lleva la chingada, siii, también!, que el pánico te invade de repente al no saber qué hacer, claro que si, así es!…Pero cálmate…estás aquí, respirando todavía.
Entiendo que mi marido posiblemente, haya preferido que le gritara y le reprochara, tal vez así, sentiría que pudiera pagar mejor esa culpa que sentía, pero lo único que le dije entre dos tres cosas más, fue que ya no podíamos hacer nada más, que se acabó, que se había ido y no lo podíamos recuperar jamás.
Después un silencio me invadió, pensaba en ese instante, en mis hijos, en mis sobrinos y que no era justo para ellos ni para nadie el arruinar el momento, el día, ni el viaje. Que era algo importante, si, si lo era, pero no tanto para amargarnos la vida. Así que en mi silencio, me limité a no pensar más en mi celular, ni en nada de lo que hubiera perdido, porque si no, me angustiaría inútilmente.
Y lo que aparentemente era enojo, más que nada, era una pequeña derrota que tenía que superar. No podía mostrar otra cara. Así que continúe en silencio, pensando en que no podía depender de un méndigo teléfono y que eso no me iba a arrebatar mi felicidad, si no lo tenía.
Afortunadamente, existe la bendita nube y muchas cosas están ahí. Tal ves no lo recuperé del todo, pero si la mayor parte de mis datos.
Y sí…así fue. Que no me morí y que a final de cuentas, pasamos unas vacaciones…maravillosas!.
8 años
NO ME VOY A MORIR
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