Eramos muy chicos y no recuerdo cuándo habrá comprado mi papá esa pequeña caja.
Era una caja de toques, si claro, de esas para dar toques.
Recuerdo que era ligeramente pesada, como la mitad del tamaño de una caja de zapatos. Tenía dos broches de metal, que cuando los abrías, podías encontrar ahí un extraño artefacto con una sola perilla que marcaba hasta el 10. Por algún lado salían dos largos cables y cada uno en su punta tenían un pequeño tubo de metal del tamaño de un puño.
Yo no sé en qué momento, se le ocurrió a mi papá comprar ese instrumento de tortura, porque a final de cuentas, el objetivo de ese aparatito, era aguantar el más tiempo posible, a que nos dieran toques sin soltar los tubos.
Yo era aguantadora, y conforme le aumentaba la intensidad mi papá, a uno se le marcaban las venas en las manos, luego, la misma electricidad que aumentaba, hacía que los músculos se tensaran. Ya al final, cuando uno gritaba que ya, ya, ya!, era porque los brazos se nos torcían involuntariamente…Qué gran juego verdad?, yo te torturo y tú sufres.
Tal ves el ir aguantando los niveles no era tanto el problema. Lo que se sientía feo, era el primer golpe de descarga que de por sí era muy leve, hacía qué brincáramos. Eso cuando jugábamos de a uno, donde la persona tiene agarrada en ambas manos los tubos de metal.
Cuando éramos muchos, hacíamos mano cadena y por supuesto que podíamos aguantar niveles más altos entre todos. Pero siempre, lo llevábamos a un nivel más intenso, que era al estar tomados de la mano y la cadena humana no estaba completa, sólo los extremos estaban agarrados de cada tubo, así que al unirse los de en medio, la descarga intempestiva era muy gacha. Una de risas y gritos se desataban y no conformes con eso, siempre decíamos otra vez, otra vez!.
Cambiábamos de lugar, lo hacíamos de pocos, de muchos, siempre buscando cosas nuevas. Pero lo que no me gustaba, era que estando la mano cadena suelta, nos tocaran con el dedo en alguna parte del cuerpo porque daba toques muy gachos.
Y nunca me ha gustado eso, pero como maldición china, desde que llegamos a Monterrey, hace ya doce años, la estática, los toques o la electricidad, me siguen para todos lados.
Vivimos en un clima seco, en donde cuando hace frío, todo está electrificado, así que no puedo ni cerrar la puerta del carro porque ya me da toques. Tengo que agarrar la puerta con lo que sea, menos con la mano directa. Así que si alguien me ve, a veces es medio chistoso el ver lo que hago para cerrar la puerta del carro.
Y no nada más pasa con el carro, también al sacar la ropa de la secadora, con las perillas de mi casa, el barandal, las puertas de metal en las tiendas, los elevadores…y todo lo que de toques! . Me choca!
Lo peor del caso, es que entre nosotros mismos nos damos toques y hasta truena y sale chispita!.
¿A ustedes les ha dado toques en los labios?, a mi si!!, y es cuando saludas de beso!. Lo peor del caso es que hasta te duele. Por eso antes de saludar a alguien, primero lo tocas de un brazo y luego le das un beso, así ya no pasará nada.
Pero, un día estando en el COSTCO, mis hijos se dieron cuenta que podían darme toques a voluntad. Y todo era porque al hacer fricción en el piso con los pies, se cargaban de energía estática, así que iban conmigo y me tocaban del hombro para hablarme y cada vez que lo hacían me daba toques.
¡Yaaaa no me toquen!, déjenme en paz!, aléjense!. Creo que fue una escena algo chistosa, porque lo que la gente veía, era una mamá que huía de sus hijos. Betoooooo!, diles que me dejen en paz!, le decía a mi marido. Casi casi como cuando las perritas ya no quieren darle de comer a sus cachorros. Corría de un lado para el otro con los hijos siguiéndome.
Y sigue pasándome toooodos los días siempre y cuando el clima sea más seco aquí en Monterrey…me lleva!.
Y sí…así fue. ¡Que me choca que todo me dé toques!. Espero y no sea por ser demasiado coggguiente, ja!…en fin.
8 años
¡NO ME TOQUES!
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