Eso fue lo que me dijo mi marido la semana pasada. Cosa que un amigo me comentó…oye, suena a un buen nombre para un escrito…”¿Y el escrito?”.
Así es, mi marido a manera de reclamo me decía que no había hecho mi escrito, como todos los lunes.
Esa vez no pude, estuve muy ocupada y aunque tuve ratos en donde pudiera haberlo hecho, no era para mi, ni el tiempo ni el espacio adecuado.
Considero, que si he de escribir algo, tiene que ser bien hecho. No así al trancazo con tal de cumplir y salir del paso.
Es curioso, pero como todos, uno necesita de una cierta inspiración para hacer algo.
Dime, ¿qué te gusta hacer?, ¿pintar?, te aseguro que no lo harías diariamente como una tarea o un trabajo sin ninguna inspiración. De nada te sirve sentarte frente a un lienzo en blanco, si no tienes nada que plasmar en el. Si en tu mente no aparecen los colores y los trazos como una revelación, jamás podrás hacer nada.
Creo que todos tenemos algo de artistas. Porque tú mejor platillo, tú mejor proyecto, tú mejor trabajo, tú mejor entrenamiento, tú mejor clase o lo que sea, no lo podrás hacer bien, como lo mejor de lo mejor, si no tienes esa inspiración, iluminación o epifanía para hacerlo.
¡Pero si sólo se trata de hacer un guiso!, para qué rayos necesito a la tal epifanía esa?. Pues si, no es que te vaya a ayudar hacer la comida, pero si te va a manifestar y decir cómo hacerlo. Tal y como una amiga que es chef así lo dice, con ”Sazón y sentimiento”.
Son cosas que te nacen del corazón y si no las tienes bien agarradas, todo aquello que pretendas hacer, se esfuma.
Por eso hablo del momento adecuado para hacer las cosas. Yo no puedo escribir en un momento que no sea el adecuado para mi. Necesito de mi espacio y mi tiempo, sin interrupciones, sin tareas pendientes, sin distracciones.
Pero aun estando con todas esas condiciones necesarias para mi, hay veces en las que me encuentro frente al teclado y no sé qué escribir.
Dentro del mundo de los escritores, se le llama “El síndrome de la hoja en blanco”. Y también le pasa a los publicistas, diseñadores gráficos e industriales, pintores…todos los creativos, se ven afectados por esa hoja en blanco; donde tienes que empezar de la nada y desarrollar tus ideas.
Pero como les dije, la inspiración existe, pero no viene por casualidad. No es difícil tener ideas, sino que es necesario del criterio suficiente para descartar y quedarte con las buenas ideas.
Se le llama así, porque es esa parálisis psicológica frente a un proceso creativo. El tener que empezar de la nada y querer plasmar tus mejores ideas, sin tener nada, es un vacío angustiante que te da miedo.
Pero conforme pasa el tiempo, vas teniendo más experiencia y lo mejor que puedes hacer, es ir anotando tus ideas por mas vagas que sean y después podrás darle forma.
Hace unos días mi jefe me dijo que se había levantado a las cinco de la mañana en fin de semana a trabajar, y todo porque traía una idea y no quería perderla.
Pienso que esos momentos de inspiración, son los que no podemos dejar pasar.
Y así, igual a mi esposo le ha pasado. Un día no durmió en toda la noche por estar pensando y desarrollando un nuevo proyecto de vida. Apenas desperté, me dijo emocionado…
-qué crees, ya sé lo que voy hacer!, tuve una epifanía y tengo bien claro lo que quiero hacer!.
-Una qué?!!!
(Epifanía: manifestación de una cosa). Digo, por si estaban con el pendiente.
Mi mamá, muchas veces ha estado organizando y decorando su casa mentalmente, como si lo viera plasmado en una imagen. Visualiza su jardín, las plantas que quiere poner, las adecuaciones que quiere hacer y todo, porque sabe desarrollar su creatividad. Después, pone manos a la obra sin ningún problema.
Y sí…así fue. Que mi escrito tuvo que esperar un poco, porque el poder compartir con ustedes jamás lo he visto como una obligación. Es un gusto enorme el que me da, y aunque no sea una escritora reconocida, les aseguro que lo hago de todo corazón…Ohh Sii!.