No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 8 años

DE CAMPAMENTO

Desde que llegamos a nuestra nueva casita acá en el bosque, nuestra vida ha tomado un giro de más libertad y en contacto con la naturaleza.
Dicen, que cuando busques un lugar para vivir, debes de considerar tres cosas muy importantes: ubicación, ubicación y ubicación.
Dejen les platico un poco donde vivo.
Nuestra casita, está a unos 15km de Monterrrey hacia el sur. Hay que tomar carretera para poder llegar. Pero antes, hay que pasar por un pequeño pueblo en donde se practica la charrería. Luego luego, se ve el lienzo charro donde están las caballerizas y más adelante, hay un pequeño rodeo donde los jinetes entrenan a sus caballos. Ahí los doman y los preparan para ser montados.
Y todavía más adelante hay otro rodeo, en donde los charros practican sus lazadas con algunos becerros. Es increíble ver cómo desde chicos, los niños se van preparando para esas faenas y saben desde muy temprana edad el montar a caballo.
Así es la vida del charro, dedicada a sus caballos, cara como ninguna, de mucha clase y gran influencia en nuestro país.
Y por supuesto, que es común, ver a los patrones y caballerangos, cabalgar tranquilamente por el pueblo.
Desde ahí se empieza, el disfrutar llegar a nuestra casita. Al ver todo ese folklor de nuestro México al alcance de nuestras manos, es maravilloso.
Después, pasando el pueblo, uno llega a un fraccionamiento en donde es un bosque. Ahí vivo yo. Tenemos andadores para caminar por toda la periferia, un lago artificial, unas cascaditas, un pequeño parque y tooodo un bosque para disfrutar.
Y es ahí cuando llegamos, que desde el primer cumple que pasó mi hijo más chico, que organizamos un gran campamento para su festejo.
Se invitaron a sus amiguitos y todos llevaban mochilas, casas de campaña, sleeping bag, lámparas de mano, impermeables, algún botiquín, bombones, salchichas para asar, papitas y mugreritos para comer en la noche.
¡Toda una aventura!, pues desde la tarde, los invitados junto con sus familias, hacemos una gran elotiza para todos. Puedo presumir que de los mejores elotes que he probado. Los cocemos en un baño de metal como los eloteros y los ponemos sobre leña. Fácilmente caben hasta 100 elotes.
Los chicos se encargan de ir por la leña al bosque, mientras mi esposo y otras dos personas más se encargan de pelar los elotes.
Se acomodan primero en el baño y luego se les llena de agua, se cubren con una manta y listo para cocerse.
Y como la casa y el patio es grande, la gente anda por donde quiera. Luego se les invita a dar un recorrido por el bosque, guiado por uno de mis hijos y cuando llegan a la casa cansados y hambrientos, los elotes ya están listos!.
Ya son 4 años que hacemos el campamento y es una convivencia padrísima. De esas experiencias que los chicos jamás podrán olvidar.
Es un día de chavos en donde andan en completa libertad y aunque tenemos reglas para una sana convivencia, ellos son felices!.
Por la noche, ya cuando es hora de despedirse de los papás, los acompañamos todos al bosque a que se instalen con sus casas de campaña.
Hacen fogata, comen cochinadas, platican tonterías, van a explorar por el bosque a obscuras, todos con sus lamparitas y regresan para pasarse casi toda la noche en vela.
Mi esposo y algunos de los papás se quedan con ellos acompañándolos.
Y creo que es de las mejores experiencias que puedan tener en sus vidas.
…Siempre he pensado que lo más sencillo es lo más valioso. Dios quiera que podamos seguir haciendo estos campamentos aún por más tiempo.
Y sí…así fue. Que a mi me toca llevarles el desayuno a los chicos exploradores, que por lo general son tamales o hot dogs. Y aunque es un trabajal, esos momentos, nos los cambiaría por nada…Ohh Sii!.

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