No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 7 años

SI CARIÑO

Hace muchos años, leí una frase que decía…”Elige con mucho cuidado al compañero de tu vida. De esta única decisión se derivará el noventa por ciento de tu felicidad o miseria”.
Y la verdad tiene mucha razón. Esa persona que va a caminar junto con nosotros, va a influir completamente en nuestra existencia. Ojalá y sea un camino por el resto de nuestras vidas, ya que el decir, caminar juntos, ahora parece demasiado para muchos.
Volteamos hacia atrás y es un conjunto de momentos, vivencias y experiencias las que hemos tenido.
…Parece que haya sido hace tanto, tanto tiempo, aquellas fotos que sacamos del recuerdo.
Cosas, en las que no podemos dejar de esbozar una sonrisa al verlas. Recuerdas esos momentos y piensas, pero qué tonto fui en ese entonces, qué inmaduro era!.
Gracias a esa inmadurez, uno crece junto con su pareja y te va haciendo una mejor persona cada día.
Ves las fotos de cuando ya tienes a tus bebés y dices…¡por Dios, cómo podía ser tan aprensivo con ellos, siendo que la vida es más práctica y sencilla!. Así es, nadie experimentará en cabeza ajena. Pero sí debemos de estar más abiertos a tomar consejos de los que ya pasaron por ahí. Su vivencia y experiencia lo dice todo.
De igual manera, con el paso del tiempo, las relaciones se van relajando. Recuerdo mucho a una amiga que se sentía preocupada por lo que iba a suceder cuando se casara. Estaba preocupada por el hecho de que no quería que la vieran sin pintar en la mañana. Cosa que cuando me casé me lo preguntó mucho.
Claro que me causó mucha gracia porque no me imaginaba el irme a acostar maquillada.
Y bueno, digamos que sí se pierde el glamour después que conoces a tu pareja, pero es algo que vas experimentando poco a poco.
Amaneces con los pelos parados y todo lagañoso, te levantas rascándote los gumaros y vas chancleando al baño con un porte nada elegante. Llegas al baño y aflojas el cuerpo como si no existiera nadie.
Pero bueno, eso es vivir en pareja, el querer compartir con alguien las mañas y los modos de la otra persona.
Aunque les he de decir, que hay quienes les vale cacahuate echarse un pun frente a su pareja, digo, por decir algo entre cosas peores. Y bueno, así lo han aceptado.
Pero yo a mis casi 21 años de matrimonio, que en estos días los cumplimos, no soy capaz de muchas cosas. Ya saben, primero muerta que sencilla, Ohh Sii.
Pues hubo algo el otro día que casi me muero de la pena (bueno, no tanto).
Resulta, que no sé qué ha pasado conmigo, pero de un tiempo para acá, puedo repetir a voluntad. Jamás repetía yo, ni siquiera por accidente y veía a mis hermanos hacerlo por gusto.
Nada más los oía desde mi cuarto cuando se echaban repetidotas de borracho y les gritaba…¡Qué cerdo eres!.
Así era mi vida, entre puros hermanos hombres que les apestaban las patas y repetían como borrachos.
Ahora mi vida también es entre puro hombre, la única diferencia es que nadie anda erutando. Por lo visto no a todos se les da eso.
Sólo que algo sucedió en mi, que ahora lo hago yo. Por supuesto que jamás en presencia de nadie, así que esa gracia me la reservo para mi nada más.
Pero el otro día, acabábamos de cenar y yo me adelanté para irme a cambiar y acostarme. Mi esposo me dijo ahí voy. Por lo general se tarda un poco en subir y luego me alcanza.
Así que yo tenía tiempo para ponerme la pijama, lavarme, desmaquillarme e irme a la cama. Todavía no salía del baño, cuando estoy checando unas notificaciones en Facebook y veo que tenía un chorro de likes de una tal Viridiana, ¡achis! y esa quién será?. Así que con el teléfono en mano y absorta en mis pensamientos tratando de ubicar a la tal Viridiana sin quitar la mirada de la pantalla, llego hasta donde está mi buró y…BRRRPHHH!!!, que me echo un sapo. En eso volteo a la cama y veo a mi marido que está acostado mirándome fijamente.
-¡¿QUÉ HACES AHI?!!!.
¡Dios, casi me quería morir!, toda mi elegancia, buen porte y decencia se habían esfumado con un eruto de borracho.
¡Pero la culpa la tenía él!, por no hacer ruido ni anunciarse, siempre se tarda un poco más en subir y ahora se había subido de volada.
El caso es, que mi marido me vio echándome un sapo con singular alegría y me dijo que esas cosas pasaban con la edad. Que pensándolo bien yo creo que si, pues antes no me sucedía eso…en fin, tardé en poderme dormir, porque mi marido no dejaba de burlarse.
Claro que dentro de las cosas embarazosas que le pueden pasar a uno, esa fue una de las más leves.
Y sí…así fue. Que no nos queda más que decir, sí cariño a todo, con estos altos y bajos que nos juega la vida en matrimonio.

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