No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 7 años

LAS ESTRELLAS

Aquella vez que vi las estrellas, no fue de lo más romántico, ni de lo más nostálgico, ni emocionante que pudiera decirse.
Tenía a mis hijos muy pequeños, uno de 3 años y el otro de 5 meses. Recuerdo que tenía que sacar un dinero del banco y después de ahí, irme con mis hijos al entrenamiento de soccer del mayor.
Y a pesar de que tenía la comodidad de una súper camioneta equipada, todo era un show: desabrocha niños, baja niños, carga porta bebé, agarra al otro, has tus cuentas, mantente alerta, tenlos pegaditos a ti, regresa cargando todo, sube niños, amárralos, checa que todo esté bien y en orden…
Y a pesar de que todo haya transcurrido sin complicaciones, justo en el momento cuando me voy a subir a la camioneta y tratar de pisar un escaloncito que tiene…zaz!, que se me resbala el pie izquierdo y me da un tallón por dentro, en un huesito que está más o menos arriba del arco hacia el tobillo.
Nonononono pero qué dolor!, literalmente la vista se me nubló y vi un destello de estrellas en esa obscuridad momentánea. Traía chanclitas y el golpe fue con todo.
¡Dios!, creí que me había roto algo, pero me revisé en cuanto pude salir del shock y no vi nada, más que una vena muy inflamada justo ahí.
Pero ya traía prisa y tenía que llevar a mi hijo al entrenamiento. Así que me fui con mi dolor al campo.
Nos bajamos y con una sillita plegable para mi, la carriola y mi niño, nos fuimos caminando un buen tramo desde donde nos estacionamos.
Todo estaba bien, pues yo estaba sentada, pero al tratar de incorporarme, mi pie ya me dolía mucho. Intenté dar un paso y era casi imposible, así que rápidamente le pedí al coach que me entregara a mi hijo, pues ya me tenía que ir.
El tramo del campo a la camioneta fue casi interminable, el tiempo transcurría y ya casi no soportaba apoyar el pie. Tenía que llegar a casa.
Estábamos lejos y la distancia se me hizo eterna, cada minuto que pasaba era determinante para mi porque llegaría el momento de no poder dar ni un paso.
Mi preocupación mayor eran mis hijos, de no poder cargarlos para entrar a la casa, pues vivíamos en un segundo piso y tenía que abrir dos rejas, subir unas escaleras súper empinadas y atravesar un patio para poder llegar a mi recámara.
Y así fue, no pude dar un paso más. Lo bueno que la señora que me ayudaba, vivía a media cuadra y fue por mi para ayudarme con los niños.
Subí como pude y ya instalada con mis hijos me quedé. Me mantuve en cama, pero al momento de querer ir al baño, no tenía manera de apoyarme, así que intenté irme de brinquito en un solo pie y casi me muero!, al dar el brinco, el golpe retumbaba en mi otro pie y era un dolor insoportable!. Así que opté por irme arrastrando por el piso para poder llegar al baño. Y es ahí cuando compadeces a los que tienen una pierna quebrada o algún dolor crónico, es totalmente incapacitante!.
Mi hijo al verme arrastrando en el piso se reía, creía que estaba jugando y a mi ya casi se me escurrían las lagrimas del dolor.
Creo que nunca había tenido un golpe tan doloroso, que hasta estrellitas me hicieran ver.
Y lo más curioso, es que siempre veía en las caricaturas que cuando se pegaban, veían estrellitas y es cierto!, si sucede!. Pero qué atinados son con sus representaciones, siempre creí que eran exageraciones y no!. De seguro a alguno de los escritores les ha de haber pasado algo parecido.
Igual cuando se enchilan, hacen como si les saliera vapor a presión de los oídos y siiii!, a mi también me pasó y fue una sensación muy extraña, literal así como si te saliera vapor a presión de los oídos.
Y no soy de las personas que se la viven pegando, es más, contadas veces me pasa algo.
No sé si lo sepan, pero los adolescentes, padecen de lo que se les llama torpeza motriz. Y es porque sus cuerpos están creciendo y su cerebro no registra todavía sus nuevas dimensiones. Por eso tiran todo, se pegan y se tropiezan.
Pero a pesar de que es una condición en los adolescentes, hay adultos que continúan con ella. Como uno de mis hermanos, su cerebro nunca entendió de que ya había crecido, así que ahora, todo le pasa: se ha pegado mil veces en la cabezota, se tropieza, tira cosas, se machuca solito, choca con todo…sencillamente como que su cuerpo no cabe en ningún lado.
Y sí…así fue. Que las estrellas a veces no llegan en sus mejores presentaciones. Y si las he de ver, mejor que sea cuando me las bajen como a una reina.

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