Tenía mucho de no ir ahí, siendo que es de mis lugares favoritos.
Toda la familia de mi esposo y nosotros, nos pusimos de acuerdo un buen día de vacaciones en navidad y nos fuimos a Fundidora.
Es de los parques más bonitos que haya visto en mi vida y lo bueno, es que lo tengo aquí mismo en Monterrey.
Ese día todos rentamos bicis y empezamos a recorrer todo el parque. Cada quien a su velocidad y su tiempo.
Yo, me perdí en un instante, pero en mis pensamientos. Todo aquello que pesaba, se había desvanecido. Sentía el aire fresco en el rostro, que me llegaba a cada pedaleada que daba. Eran como aires de libertad, no sé si me pueda explicar bien, pero esa sensación de llenura, de plenitud…de felicidad, eran indescriptibles.
Así se sienten los momentos de gozo. Todo aquello que te hace tocar el cielo y te da una satisfacción total como persona, son instantes de plenitud.
Gracias a esos momentos, uno avanza en la vida. Son cosas que te impulsan a seguir adelante.
…En alguna ocasión les comenté que estaba tomando clases de piano, verdad?. Pues en febrero cumplo ya mi primer año. Y mi gran deseo es poder tocar cualquier melodía y alcanzar esa habilidad que ahorita tiene mi hijo, que va a pasos agigantados con sus clases.
Y apenas, hasta hace poco, he logrado tener ya varias melodías casi dominadas.
El sonido que se siente en tu cuerpo al tocar cada nota, es como un éxtasis, que te llena por completo y te hace disfrutar lo que estás haciendo. Cuando son ejercicios de escalas, todo es muy repetitivo, pero en el momento que llegas a una melodía y empiezas a dominarla, todo tu ser lo disfruta al máximo.
Así, hay una melodía que toca mi hijo, tan nostálgica diría yo, que logra transmitir el drama de sus notas…me llevan más allá y de alguna manera me hace soñar y querer seguir e intentarlo otra vez más para mejorar en mis clases.
Cuando algo te transporta, una canción, una película, un aroma, algún recuerdo…hace que casi puedas tocar el cielo.
Como ese beso robado, en donde te rindes a tal asombro y sientes que el piso se desvanece y tu cuerpo flotara. El tiempo y el espacio se detienen…y hacen que nada de lo que está a tu alrededor importe.
Es una embriaguez emocional, ese deseo de estar con la otra persona, aquella que pone tu mundo de cabeza y si…te hace tocar el cielo también.
Somos un manojo de sensaciones, que vamos por la vida depurando todo aquello que no nos agrade. Sólo nos quedamos con lo bueno, lo agradable, lo que nos convenga.
Podemos tocar el cielo de muchas maneras…como ese delicioso platillo que al primer bocado, es una explosión de sabores y texturas dentro de tu boca. Si eres de los que sabe degustar una buena comida y una buena bebida, tal vez me vas a entender.
Y sí…así fue. Que el cielo está lleno de pasión, satisfacción, alegría, emoción, deseo, ternura, delicadeza, arrebato, locura, éxito, amor y un poco de dulce y salado a la vez.
7 años
COMO TOCAR EL CIELO
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