No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 7 años

¿PERO QUE NECESIDAD?

Muy bien lo decía Juan Gabriel, para qué tanto problema?.
Si estando el suelo tan parejo, para qué tanto brinco?.
Y es que en un momento de nuestra vida, nos vienen instintos asesinos. Y no me digan que no, porque no se las creo.
Cuántos de ustedes no han pasado la noche junto a alguien que ronca como si fuera un torton descompuesto. ¡Es horrible! y dan ganas de ahorcarlos o mínimo tirarlos de la cama.
Así ronca mi papá…que por cierto, Dios le ha dado demasiada paciencia a mi mamá por 50 años. De chica yo oía los ronquidos hasta mi cuarto, bueno, hasta cualquier lado de la casa y lo peor de todo, es que si mi mamá lo movía, sólo cambiaba de tono y aún así el concierto continuaba.
Realmente no sufrí mucho por eso, a menos que saliéramos de viaje y compartiéramos la habitación…ohhh Dios!, qué sufrir. Y no sólo eso, sino que mi abuelita, la mamá de él, roncaba igual!!. No sé en realidad en qué momento de la vida a uno le da por roncar; en los hombres es muy común, pero en las mujeres?, qué pasó con toda esa delicadeza?. De plano a la hora de dormir, muchas pierden el figurón.
Así que hubo un tiempo en el que mi mamá puso otra cama en mi cuarto para que mi abuelita se quedara conmigo. Ella vivía con nosotros. Pero gracias a Dios, no sé en qué momento de compasión, mi mamá le dio después, un cuarto para ella sola.
¡Pero qué sufrir! y más si tú no roncas. Lo intentas de todo:
-moviéndolos sutilmente.
-empujándolos un poco más fuerte.
-dándoles una patada y hacer
como si no supiste nada.
-aventándoles una almohada.
-Si estás en otra cama, a parte de
la almohada, cualquier muñeco o
cosa que te encuentres es bueno
para aventarles.
-un calcetín en la boca.
-taparles la nariz.
-y si de plano nada funciona,
mandarlos a otro cuarto.
Pues así me pasó hace poco con mi marido. Estuve a punto de salir en el periódico por cometer maridicidio.
¡Qué noche tan más espantosa!. Lo peor del caso es que desde un principio no me podía dormir, necesitaba de toda la paz y quietud de mi cuarto para poder dormir. Y a pesar de que me fui a acostar mucho antes que él, cuando llegó, yo seguía despierta. Ahí inició todo mi calvario. A los 5 minutos de haberse acostado ya estaba roncando y más fuerte que nunca!. ¡Dios! lo intenté de todo, mis ejercicios de respiración y relajación que estaba haciendo, nada me funcionó! . De vez en cuando lo movía para que dejara de roncar, pero nada más cambiaba de tono. Yo ya estaba furiosa y me daban ganas de aventarlo por el balcón. Y no sé qué rayos pasó esa noche, que mucho ruido oía por todos lados. Los perros como locos ladrándoles en la madrugada a no sé qué, mi marido con sus ronquidotes, mis hijos ocupando los dos cuartos restantes como si nada y yo sin saber a dónde ir.
¡Quería estar sola!! Y el único lugar disponible sin tanto frío era el living. Así que me fui ahí, pero empecé a escuchar sonidos extraños y dentro de mi alucine, ya sentía yo que alguien se estaba metiendo a la casa. Así que fui a investigar con chico miedote allá abajo. Cerré todas las ventanas y cortinas, chequé puertas, vi todo en orden y me volví a subir. Ya para esto eran como las 4 am y todavía no podía conciliar el sueño. Oía una vaca con su cencerro hasta allá, hasta allá y a los perros a lo lejos saludando a los nuestros…mecáchis!!.
Me di cuenta que durante la noche la casa truena por los cambios de temperatura y que el burro que está en una ranchería por ahí cerca ha de estar amarrado, porque se quejaba lastimosamente.
Todo estaba en completa calma aparente hasta que riiiiingggg!!!!, qué suena el despertador de mijo…no por Dios!, ya eran las 5 de la mañana y yo sin poder dormir. Me tuve que regresar a mi cuarto con el que se dice que es mi marido y aguantarme una hora más de ronquidos.
¡Estaba furiosa!!, me tuve que ir a trabajar y regresé digamos, que no con muy buen semblante. Tan es así, que mi marido me dijo que esa noche dormiría en otro cuarto para dejarme descansar.
Pienso, que más que nada, fue un instinto de supervivencia de su parte.
Y sí…así fue. Pero qué necesidad de estar pensando toda la noche, el cómo poder aventar a mi marido por el balcón, si por la parte de enfrente o por el lado de los perros. Tal vez una buena masticada hubiera estado bien…en fin.

Some HTML is OK