No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 7 años

DÍAS DE EXPO

Hace muchos años, mi papá tuvo una Expo en Acapulco y pienso que ha sido una de las mejores experiencias que haya tenido en mi juventud. No recuerdo con exactitud cómo nos fuimos, lo más seguro es que haya sido en una camioneta blanca de doble rodada y con camper, que tenía mi papá para llevar toda la mercancía.
Invitó a tres primos de México a participar con nosotros, uno de mis hermanos y yo.
Fue en el Centro de Convenciones y nos estuvimos unos cuantos días.
En ese entonces llevábamos frascos con caracol chinito; un caracol pequeño ligeramente puntiagudo y rosado.
Desde casa teníamos todo el proceso de lavado y secado del caracol, para mandarlo al área de envasado.
Todavía parece que escucho ese sonido tan característico del caracol, meneándolo con una gran pala de madera sobre la criba para que se seque al sol. Qué tiempos aquellos…a mi hijo mayor le tocó trabajar un verano ahí en el taller de los abues. Cinco pesos por su pequeña jornada de trabajo, es lo que recibía mi hijo, a sus cuatro o cinco años. Y lo que tenía que hacer, era seleccionar caracolitos entre chicos, medianos y grandes entre otras cosas.
Pero en aquel entonces cuando nos fuimos a Acapulco a esa Expo, éramos mucho más jóvenes y solteros y como les dije, esa experiencia de vivirla allá con mis primos fue extraordinaria. Recuerdo que regalaban Margaritas y mi papá y todos los demás se la pasaban a la vuelta y vuelta por una Margarita. De bermudas blancas con playeras polo y con el logo en el pecho así nos presentábamos.
Por supuesto tuvimos oportunidad de disfrutar de todas las amenidades de ahí, ya que artesanos de toda la República se habían concentrado. Bailes folclóricos y una danza prehispánica que casi hace que todos mis sentidos explotaran al verla, con sus penachos y esos maravillosos atuendos en cuerpos tan atléticos de guerreros, me hacían verme ahí, queriendo estar con toda la intensidad de la danza. Tal vez parezca una locura, pero es algo a lo que le tenga que dar check, algo que quiero hacer por lo menos una vez en mi vida…bailar como lo hacen esos danzantes.
También hubo una gran comilona al final de la Expo y tal vez como expositores, nos dieron chance de entrar sin costo. Había toda una gran variedad de platillos de toda la República, cosa que nos dio mucha risa porque corríamos con nuestro plato de un lado a otro sin saber qué escoger entre tanta comida.
Pero en uno de esos días, nos fuimos mis primos, mi hermano y yo a un antro, al mejor de esos tiempos y entrando, recorrimos el lugar para agarrar una mesa. Y en una de esas, uno de mis primos dice…huele a marihuana.
La verdad me sorprendió porque era algo que nunca creí tener de cerca. Y le pregunto, ¿como sabes que es marihuana? y me dice…porque huele a petate quemado.
¡Pero qué gran descubrimiento!, efectivamente olía a petate quemado, digamos que gacho, pa qué me entiendan, ja!. Eso me sirvió para que en el transcurso de mi vida pudiera identificarlo fácilmente ¡y vaya que me lo encontré una que otra vez!…En una de esas, estábamos de campamento en la biosfera llamada El Cielo y pasamos por una cabaña en donde le salía mucho humo y nos humeó todos al pasar, era sofocante el humo y yo creo que fue lo suficientemente fuerte para mi, porque de un momento a otro me empezó a dar una risa incontrolable por la nada…en fin, chico pasonzote que me di.
Y sí…así fue. Que toda una aventura la ida a Acapulco fue. Y por cierto, esa vez, me hice en la playa unas trencitas en todo el cabello, que jaaaamás volveré hacer, me quedaron padrísimas, pero a la hora de quitármelas, casi se me vino la mitad de mi cabello!, así que ñop…ñop, ñop, ñop se los recomiendo.

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