¿Qué cosas no?. Cuando se es chico, nos importa un soberano cacahuate lo que vayamos a comer, incluso en la adolescencia, no recuerdo haberle dado mayor importancia a la cuestión de la comida. Uno comía lo que había y punto, no desgastábamos dos minutos de nuestro tiempo en pensar en qué íbamos a comer.
Es más, esas cosas ni se pensaban.
Nuestros antojos eran muy simples, que si la hamburguesa, los Hot dogs, la nieve o la pizza.
Tan es así, que mi marido me pidió matrimonio en una nevería…estábamos jóvenes y salíamos a cenar de vez en cuando, pero sinceramente no recuerdo el haberle dado mayor importancia a la cuestión culinaria.
Ahora, no podemos dejar de tomarle foto a lo que vamos a comer, ya sea que nosotros lo preparemos o que nos lo hayan servido.
Es una fiesta y una admiración a lo que tenemos en frente, observamos cada uno de sus ingredientes y queremos disfrutar de cada bocado.
¿Se han dado cuenta?. A que no lo hacían antes verdad?. Hoy no se nos puede escapar esa imagen, inclusive de la paleta que nos vayamos a comer. Todo queremos tomarle foto y compartirlo, que porque está lindo, que porque se ve apetitoso, que porque está delicioso.
Nada de eso hacíamos antes, ni aunque tuviéramos teléfonos y hubiéramos podido mandar foto, no lo hubiéramos hecho. Mis hijos no lo hacen y son unos jóvenes. Hasta uno de ellos se ha llegado a molestar, del porqué le tomamos foto a todo lo que comemos. Cosa rara, porque a él en especial le encanta cocinar. Aun así, todavía le falta alcanzar esa madurez que ya muchos tenemos.
…Una vez, muy sabiamente me hizo la observación mi papá. De qué cuando uno va creciendo, le va agarrando gusto a las cosas. Sabores que antes no nos gustaban, ahora nos gustan ya.
Es como si nuestro paladar se fuera educando y con el paso del tiempo, ir aprendiendo a disfrutar de lo que uno come.
Yo veía a mi papá pedir la rama de apio ya toda cocida y aguada de la sopa de papa…”Échamela para acá Gorda”…le decía a mi mamá. Y sigue haciéndolo, pero en aquel entonces cuando todavía vivía con ellos, como que no me era muy apetecible el comerme la rama de apio ya cocida…pregúntenme ahora qué hago…me sirvo la rama de apio por supuesto.
¿Pero qué fue lo qué pasó?, ¿como mi paladar cambió?.
Me decía mi papá, que el gusto va madurando y uno va buscando nuevos sabores conforme va creciendo. Ahora lo entiendo.
Y veo con mucho agrado a mis amigos del WhatsApp, en especial ciertos grupos, en donde no perdemos oportunidad para mandar una foto de aquello que estamos comiendo. Y lo más padre es que todos lo festejamos, preguntamos qué es, qué tiene, de dónde es. Pareciera que nuestra vida girara al rededor de lo que vayamos a comer o beber. Es un gusto el disfrutar de nuestros alimentos y poco a poco uno se vuelve conocedor de muchas cosas.
Doy gracias, que en especial mi papá, es una de las personas que conozco en la vida que le hace tantas fiestas a lo que come, incluso a una sopita de fideo…
-¡MMMMHHH Gorda! Ahora sí te quedó riquísimo!!
Es curioso, porque todos los días le dice lo mismo.
El nos enseñó a apreciar hasta el bocado más simple que podamos tener. No necesitamos de grandes platillos para poder disfrutarlos, ni de comida Gourmet como para poder elevarnos con cada bocado que tengamos.
Aprendimos a valorar lo simple, lo sencillo, a disfrutar el comer incluso en un changarrito de pueblo.
Toda una gama de sabores tenemos al frente para saborear y son cosas que nos hacen feliz y nos producen placer. Buscamos el conocer más, encontrar diferentes texturas, olores y consistencias.
Pienso en los quesos añejos y no todos saben disfrutarlos, sus sabores son muy fuertes muy lejos del gusto de algunas personas…a nosotros afortunadamente nos enseñaron desde chicos a comerlos y es ahora cuando nos deleitamos más.
En cambio, en casa de la familia de mi esposo, ellos siempre han sido muy carnívoros y desde chicos han comido menudencias, cosa muy común para ellos, que si la fritada, el menudo, el cabrito, los machitos…a mi de plano mi suegro me tenía un filetito de carne para que comiera. Porque de todo lo demás, casi me daba el desmayo.
Pues si, son gustos y son costumbres.
Y sí…así fue. Que ya tenemos casi un pie puesto con maletas y todo, para nuestra próxima ruta del sabor, ahora, en Semana Santa.
7 años
RICO Y DELICIOSO
Some HTML is OK